También la oposición gobierna

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La oposición prefiere la violencia verbal, la agresión, la descalificación, la diatriba antes que mantener un debate de altura que ofrezca argumentos y respaldo social.

Es muy común ver en los medios los argumentos de la oposición acerca de que el actual gobierno no cumple con sus obligaciones, que las promesas de campaña todavía no se concretan en escasos 15 meses… cuestión de enfoques.

Sin embargo, nadie cuestiona si la oposición hace su trabajo. Acostumbrados a ser parte del poder y sus beneficios, ahora no sólo no saben qué hacer sino que desconocen que desde la oposición también se gobierna, no sólo en el ámbito Legislativo, oportunidad que desdeñan, sino en toda problemática social del país, pero sus argumentos son tan débiles y desgastados que lo que menos quieren es un diálogo, un debate, una discusión, un acuerdo. 

La oposición prefiere la violencia verbal, la agresión, la descalificación, la diatriba antes que mantener un debate de altura que ofrezca argumentos y respaldo social.

La postura de los legisladores de oposición y su trabajo legislativo consiste en hacer declaraciones grupales que atacan sin ofrecer soluciones. Sus propuestas regularmente carecen de trascendencia y son demasiado nostálgicas, quieren un retroceso, intentan recuperar canonjías, beneficios, y no pueden ocultarlo.

En año y medio de ser oposición los mexicanos no han recibido de ellos más que cuestionamientos al gobierno que eligieron más de 30 millones de personas.

En ese lapso ni sean reorganizado ni han logrado crear contrapesos políticos y mucho menos sociales, no se han reconstruido ni han incrementado simpatizantes.

La oposición no está obligada a gobernar, pero es una oportunidad a la que tienen derecho, pero no conocen las leyes porque siempre éstas se han adaptado a sus intereses.

Es precisamente en el Poder Legislativo donde la oposición debía ser más responsable, pero organiza enfrentamientos en lugar de discutir, coincidir y consensuar para que el país camine.

La historia nacional, la más propia, no es un factor que tengan en cuenta los líderes de la oposición. Su caminar por el sendero de la oposición les da miedo. Creen en fantasmas. Consideran que si asumen la posición de oposición lo serán siempre.

La descomposición política, educativa, social que dejaron como herencia los gobiernos anteriores crean una grave confusión en el ejercicio político de quienes prohijaron una multitud de ambigüedades administrativas, políticas, educativas y legales, que al perder el poder, perdieron también la brújula.

La sociedad tiene en la conciencia crítica que le creó el rechazo a lo añejo, la desconfianza en quienes confiaron inútilmente y la esperanza se convirtió en traición. 

En este desconocimiento de las leyes, llama la atención que las protestas contra la negligencia del Poder Judicial se dirijan al Poder Ejecutivo.

Se equivocaron de ventanilla. Mostrando no sólo desconocimiento sino una consigna de tratar de pegarle a la cabeza de un movimiento político y social que todavía no terminan de entender.

La separación de poderes la enseñan en las escuelas públicas desde la primaria, la reafirman en la secundaria, pero desde ese nivel escolar hay muchos hijos de líderes de los partidos de oposición que estudian en el extranjero. Evidencias hay muchas, consecuencias muchas más.

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