Rusia celebra su Revolución

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Toda revolución es la plataforma de despegue de una esperanza. Los cambios suelen anunciarse pero pocas veces se sabe hacia dónde van. 

Las revoluciones, para que sean denominadas así, exigen una meta, siempre viendo al futuro y los cambios pueden ser hacia el pasado, como sucedió en los regímenes anteriores al presente en México. 

El desgaste del capitalismo mostró su primera derrota ante los ojos del mundo un 7 de noviembre con la victoria de la revolución bolchevique en la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas. Este nombre dejó de utilizarse el 26 de diciembre de 1991, para regresar al nombre de Rusia. 

En ese mismo año la ciudad de Leningrado, vuelve a llamarse San Petersburgo, la segunda ciudad más importante del país, después de su capital, Moscú.

La disputa contra el imperialismo por el control del mundo generó en 1914 la Primera Guerra Mundial. En ella, el Partido Comunista de Rusia dirigido por Vladimir Ilich Uliánov Lenin, condujo la insurrección armada de los obreros, campesinos y soldados en octubre de 1917, que llevó al triunfo de la revolución socialista en Rusia.

A principios del siglo XX, Rusia se encontraba gobernada por el Zar Nicolás II, su régimen político se basaba en una monarquía absoluta. Su poder era ilimitado, no rendía cuentas a nadie ni tan siquiera al Parlamento ni estaba sujeto a ninguna Constitución. De este modo nunca demostró afecto por el bienestar del pueblo.

Desde comienzos del siglo veinte, Lenin luchó por la construcción de un Partido revolucionario de la clase obrera, guiado por la teoría marxista, independiente de la burguesía y que deslindara campos con la socialdemocracia revisionista. 

La organización social del Imperio Ruso se basaba en grandes desigualdades marcadas por dos clases sociales bien diferenciadas; por un lado nos encontramos con la nobleza que podríamos considerar como los privilegiados, ya que contaban con las grandes propiedades y disfrutaban de todos sus derechos; por otro lado, el pueblo formado en su mayoría por campesinos y obreros, entre otros, quienes a menudo luchaban para que se les reconocieran sus derechos y libertades, como la desaparición de los bajos jornales y el aumento de horas de trabajo, una mejor reparto de tierras. 

Rusia se basaba fundamentalmente en una economía agraria pero, técnicamente hablando, estaba bastante atrasada y eso daba lugar a una producción muy baja, por lo que resultaba difícil mantener a toda una población.

A finales del siglo XIX se introdujo el capitalismo en algunos lugares de Rusia, provocando la industrialización en la que muchos obreros se vieron implicados a trabajar en las industrias pero con salarios muy bajos y condiciones precarias.

La existencia de un partido de vanguardia marxista-leninista fue decisiva para que el proletariado conquistara y retuviera el poder, basándose en la alianza obrera-campesina. 

Los aportes de Lenin significaron una nueva etapa en el desarrollo del marxismo. El leninismo es un desarrollo del marxismo en cuanto a la concepción del mundo –es decir, el materialismo dialéctico y el materialismo histórico– en cuanto a la teoría y la táctica de la revolución en la época del imperialismo, la dictadura del proletariado y el partido proletario; así como la doctrina de la construcción socialista.

Desde la revolución de octubre de 1917, bajo la dirección de Lenin hubo siete  años de construcción en medio de la guerra contra la reacción, experiencia inédita hasta entonces. 

Al dominar el Estado y disponer de los medios de producción fundamentales, el proletariado como clase pudo dirigir la lucha por revolucionar las relaciones de producción, modificando las relaciones humanas en el proceso de trabajo y decidiendo colectiva y democráticamente sobre el tiempo de trabajo social necesario que los productores entregan a la sociedad, el tiempo libre de que disponen y sobre la distribución del producto social.

Todo lo anterior, como parte de la lucha para “suprimir las diferencias de clase en general, para suprimir todas las relaciones de producción en que estas descansan y todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción y para la subversión de todas las ideas que surgen de esas relaciones sociales”.

En un plazo histórico asombrosamente breve, en la URSS se creó una potente industria moderna y se pasó de la mísera producción agrícola individual con arados de madera a cooperativas (koljoces) y haciendas estatales (sovjoses) que reunían cada una el trabajo de cientos de campesinos dotados de maquinaria y técnica moderna. 

Terminaron con el analfabetismo, que era del 75% y los hijos de los obreros y de los campesinos accedieron a la enseñanza politécnica y universitaria.

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