¿Quién inventó a los pobres?

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Ahora una clase media que se crítica al gobierno considera que se gobierna para los pobres. Que se descuida todo lo demás por darle un subsidio a quienes fueron víctimas de los gobiernos anteriores.

Cuestionan la efectividad de los programas de gobierno, como si fueran un invento de la actual administración. Dudan del destino de los dineros del gobierno como nunca antes. Eso es bueno para la democracia, aunque para algunos una actitud sorpresiva y sintomática.

Los pobres no son invento de nadie sino resultado de un desarrollo desigual que padeció todo el mundo, sin importar gobiernos, ni banderas, ni partidos. Sin embargo, hubo gobiernos en México que multiplicaron el número de pobres, a sabiendas de que sus programas de gobierno arrojarían esos inhumanos resultados.

Por otra parte, cuestionan que se apoya a los pobres para que voten por el partido que los apoya. Esto tampoco es ninguna novedad, lo cierto es que los encargados de hacer de la gente pobre una mayoría fueron los regímenes priístas y panistas. Eso nadie puede negarlo.

La mayoría en México son pobres, según cifras de instituciones oficiales de los gobiernos panistas y priístas. Ayudar a los pobres debe ser obligación humana, más allá de colores e intereses, pero ante la carencia de elementos sólidos para criticar a la actual administración surge esta especie de cuestionamiento híbrido que sólo refuerza la voluntad de crear equilibrios sociales y de señalar a los responsables de incremento desmedido de la pobreza.

Los pobres en México no escogieron su destino. Así nacieron y es obligación de todos intentar que no mueran pobres ni su descendencia siga con las mismas carencias. Pero si esto para algunos es incorrecto estamos hablando de una discriminación al estilo de los nazis en Alemania. El exterminio de quienes estorban para crear desarrollo, entendido éste como el enriquecimiento de pocos frente a la reproducción de la pobreza.

Hay quienes no admiten que haya dinero destinado a los pobres como un subsidio, cuando antes se subsidiaban hasta a los millonarios medios de comunicación.

Ahora se arremete contra los pobres como si la Cuarta Transformación los hubiera colocado en el territorio nacional para que votaran por Morena, cuando en realidad nadie de ellos se ha preguntado qué tan culpable es del crecimiento de la pobreza. La pobreza no es un fenómeno alejado de la realidad de todos los mexicanos, menos aún de los funcionarios públicos y de la burocracia en general.

No hay consulta al pasado simplemente crítica al presente sin memoria histórica. No hay visión al futuro, sólo cuestionamientos para presionar  para que se regresen privilegios. La revista Fragua, señala, haciendo un poco de historia: “Antes del neoliberalismo, en 1980 se consumían en México 643 mil toneladas de urea y 168 de nitrato de amonio, principales fertilizantes utilizados en la agricultura. Fertimex producía 62% y 70% de estos insumos respectivamente, lo que significaba que se importaba menos de la mitad. A principio de la década de 1990, Petróleos Mexicanos incrementó el precio del amoníaco (necesario para la producción de fertilizantes), debido al comienzo de la privatización de la industria energética. En ese momento, el Estado declaró que ya no era rentable producir fertilizantes, con lo que justificó la privatización de Fertimex en 1992. Salinas de Gortari fragmentó la empresa en 13 unidades productoras y las vendió por 317 millones de dólares, menos de lo que valían. Esto fue bien recibido por siete empresarios, entre ellos Alonso Ancira Elizondo (con Altos Hornos de México) y Fabio Covarrubias Piffer. Todo bajo la dirección del padre de Emilio Lozoya, Emilio Lozoya Thalmann, como secretario de Energía”.

A partir de situaciones como ésta, los pobres empezaron a multiplicarse, sobre todo en el campo. No los inventó Morena.

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