¿Quién explica a México?

543

La urgente necesidad de la actual administración pública por demostrar su eficiencia en la vida pública y la interpretación de la dinámica política-social de críticos y defensores del actual régimen han impedido que se desarrolle un análisis profundo de la vida política de México en los últimos meses.

La teoría política que explique en un marco histórico, legal, lógico lo que sucede en este proceso y el destino de las acciones públicas no existe. Los catedráticos se cuidan de que el torbellino de una nueva forma de ejercicio público no les afecte; las universidades tratan de congraciarse con el gobierno para que la austeridad no les alcance, los teóricos son adquiridos por una fuerza u otra para que, a través de conferencias y cátedras expliquen lo que está mal o bien de la Cuarta Transformación, pero no logran concretar, en ese esfuerzo, la teoría política del momento. Para los que ven con buenos ojos estos cambios lo que sucede es tan grande que rebasa la teoría y para quienes están en contra, es demasiado pequeña o efímera como para darle una interpretación teórica dentro de la ciencia política, como si negando el presente el futuro cambiara.

Lo cierto es que el tiempo que vivimos está huérfana de una visión concreta, profunda, más allá de apoyos incondicionales y rechazos irracionales, de izquierda o de derecha que le otorga a la democracia mexicana la importancia que su historia exige.

A esto habrá que sumarle que los asesores se convirtieron en una especie en extinción de la actual administración pública, por lo que quien deba dar una explicación razonada, una teoría política que explique lo que sucede en sus marcos históricos, pero también científico no existe.

No hay teóricos de la práctica política que se desarrolla en México, a pesar que se trata de un rompeolas de hábitos que hicieron raíces y se conformaron imperios en su desarrollo.

La teoría política es una fuerza de pensamiento que da solidez a los hechos de y a las decisiones de gobierno, pero también explica las razones de la oposición y le ofrece pretextos a la historia.

Los consejeros del INE que tienen la obligación de crear sus propios estudios se han convertido en una especie de agentes de tránsito que imponen multas, confiscan licencias y cancelan registros, acomodan vehículos fantasma y advierten sobre la necesidad del cinturón de seguridad ante en tránsito intenso de la Cuarta Transformación.

El INE no puede ser únicamente una autoridad electoral que se repita cuantas veces sea necesario en nombre de la inalterable aplicación de las leyes electorales. En su obsesión por los grados académicos debe tener una explicación teórica que incluso pudiera llevar a una filosofía donde se dé cuenta de una parte de la historia que sólo muestra polarización. El radicalismo de una sociedad que pareciera sólo tener dos caminos políticos: a favor o en contra de la actual administración pública, impide una explicación teórica que, al mismo tiempo, fortalezca la democracia, otorgue solidez al estado, no al gobierno, y regrese a la práctica política el lugar que le corresponde en la historia nacional.

La oposición, ante su falta de fuerza social, se mantiene al margen dejando sólo esas dos opciones políticas, incluso ideológicas que se enfrenten en un soterrado combate que no se atreve a decir su nombre. La oposición convierte algunos actos públicos en errores y una vez que se les considera así, celebra la derrota efímera e insustancial de un poder que no pudo alcanzar en las urnas.

Regalarle a la actual situación social del país una explicación teórica, sería el mejor testimonio de que México está vivo. Más allá del contagios de resentimientos y rencores, se requiere un análisis profundo que no sólo arroje reflexión sino que pueda ser parte de una corriente filosófica que suelen estar en busca de hechos reales para confirmar una teoría o fortalecer falacias, para violentar pensamientos o armonizar tendencias ideológicas que a veces se muerden la cola.

Otorgar un estudio teórico sobre la realidad actual de México es responsabilidad de algunos, muy pocos, que debieran ser responsables de la interpretación profunda de lo que ahora parece superficial y pasajero.

1 Shares