Proteger la vida

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La discreción y disciplina del Ejército mexicano debe ser un factor determinante para que la derecha aprenda a ver un México real, humano, más apegado a la verdad.

Si recordamos los hechos dramáticos de 1968, a raíz de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, podemos darnos cuenta de que los militares nunca negaron su responsabilidad aunque la gran mayoría de las críticas se dirigieron contra ellos.

Después de más de medio siglo puede advertirse que los soldados no dispararon contra los estudiantes sino que trataron de repeler el fuego cruzado que venía de las armas de los agentes judiciales y otras corporaciones armadas.

Los soldados, la tarde del 2 de octubre protegieron a la gente, salvaguardaron muchas vidas con su simple presencia, y prácticamente de inmediato recibieron de la opinión pública el rechazo generalizado. Se les responsabilizó de las muertes. Nunca lo negaron.

La derecha de hace 51 años, igual que ahora, manifestó su beneplácito terminar un movimiento que denominaron comunista y antimexicano. Ahí están los periódicos. Es decir, el contrincante político al convertirse en enemigo, a través de un discurso violento, merece la muerte física. El exterminio.

Desde luego la prensa de esos años, que no ha cambiado mucho, escribía lo que el gobierno conservador quería y dejaba de publicar lo que el gobierno conservador prohibía.

Pasados los años, cuando se trata de resguardar a la gente, ante un enemigo real; se habla de debilidad del Estado, de abdicación, derrota, fragilidad, como si se tratara de una guerra perdida. Pero, las batallas son para definir victorias y derrotas, teniendo en la historia su desarrollo y su juicio.

Sinaloa no es el país, es un estado que siempre ha estado en manos del PRI, ahí se han creado verdaderos ejércitos de delincuentes bajo la protección de las fuerzas instaladas en esa entidad, la dependencia económica, política y social con el narcotráfico es cotidiana y generalizada.

Los habitantes de Sinaloa se saben vulnerables, pero al mismo tiempo, no ven el narcotráfico como puede observarse desde el centro del país. Para algunos de ellos no es una práctica tan mala, si lo vemos desde el simplismo del maniqueísmo, sino un accidente geográfico que provoca una alteración económica y social.

Frente a esta realidad los soldados son discretos, disciplinados, acatan la palabra, respetan así, la actitud del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

Desde luego no falta quién, desde las trincheras de los “expertos” de tribunales de espontáneos, desde la oposición o los medios o desde las tribunas poco informadas, hablen de un grave descontento en las filas castrenses. Habrá que leer más y mejor la historia.

Los militares se han conservado ilesos de las ideologías partidistas dentro y fuera de los gobiernos de élite, con presidentes usurpadores, con diferentes partidos en el poder y siguen de pie, y protegiendo a la gente.

Los militares tienen su propia historia en el devenir del tiempo en el país, hubo muchas pruebas de fuego que nunca se convirtieron en tentaciones políticas.

No faltaron las convocatorias a la rebelión ni pretextos para claudicar o traicionar. Ahí están los soldados mexicanos al pie del cañón contribuyendo con el gobierno civil y construyendo el futuro.

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