Otra vez malos y buenos

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Qué tan malos son los malos y qué tan buenos son los buenos. Los malos son tan malos que pueden hacer de una buena persona, un asesino, a veces involuntario, si no se miden las consecuencias. Y los buenos no dejan de serlo al optar por otras opciones para derrotarlos.

La justicia en nuestro país está instalada en una cercanía a la barbarie que se piensa que dejar de contestar la violencia, —en sí misma una expresión del miedo que infunde terror—, con la violencia significa debilidad.

Desde los primeros años de escuela se acostumbraba a contestar la agresión de un compañero con un pleito a la salida, no hacerlo significaba un estigma para el niño que no aceptaba el reto. Contra él se utilizaban adjetivos xenofóbicos, machistas, discriminadores, lacerantes, a veces traumáticos, etc.

Palabras que ahora muestran su oscuro significado que repercutieron en feminicidios, delincuencia, asesinatos, adicciones, etc. Los tiempos han cambiado. El niño bravucón no es producto de una agresividad que le surge espontáneamente sino que tiene sus orígenes. Si se conoce su realidad ese niño pasa a ser víctima y no victimario. La agresividad que en casa se practica, debe reflejarla en algún lugar y la escuela es el mundo social del niño lastimado y del niño no lastimado por sus padres o familiares.

La erradicación de los pleitos a la salida de la escuela no se termina con la derrota de un niño son con el apoyo al niño que inicia la bronca. El bullying no se soluciona golpeando a los niños agresores sino conociendo las causas de su agresión.

Sin embargo, hay una generación de mexicanos que todavía piensan que la violencia debe combatirse de frente con más violencia. De otra manera, quien no responde del mismo modo muestra debilidad, empequeñecimiento del gobierno, fragilidad, anulación.

Desde el inicio del sexenio actual se ha tratado de anular una victoria electoral que lastimó a varios partidos y a no pocos grupos que no por pequeños numéricamente hacen menos daño, entre ellos los medios, que fueron los primeros en recibir el revés de la falta de subsidio de parte del gobierno.

La guerra sucia, impregnada de mentiras, especulaciones contra el nuevo gobierno, empezó desde el momento en que se dieron cuenta que la victoria del actual gobierno les significaba la pérdida del negocio ilícito que implicaba pagar para hablar bien de los hechos de gobierno aunque no fueran populares ni productivos.

Nunca fueron críticos con el gobierno, el simple anuncio de las reformas estructurales que inició el anterior gobierno fueron aprobadas sin analizar, sin pensar más que en las ganancias que en publicidad le redituaban a algunos medios. Ahora sabemos que fueron medidas que atentaban contra el patrimonio de los mexicanos, lo cual todavía no acaban de reconocer algunos grupos que no por poco numérico dejan de ser persistentes hasta la necedad.

Lo ocurrido en parte de la opinión pública en días pasados a partir de los hechos sucedidos en Culiacán, Sinaloa es la combinación de algunos de los factores arriba mencionados. La violencia es una práctica extrema y no la solución inmediata a los problemas.

Las causas de la violencia no son viscerales sino sucesos ocultos en el desarrollo histórico de las sociedades.

La violencia extermina y acerca a la muerte, que puede llamarse asesinato cuando se propicia desde el poder. De ahí puede desprenderse este breve diálogo entre hijo y padre:

-¿Si matamos a todos los ladrones, quedaríamos sólo los buenos?

-No, sólo quedaríamos los asesinos.

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