“Escribí cuando no conocía la vida.

Ahora que entiendo su significado,

ya no tengo que escribir. La vida no

puede escribirse; solo puede vivirse”.

Oscar Wilde

Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wild, un rebelde que fue de lo personal a lo social ante el choque de la cultura en plena época victoriana, donde las costumbres más rancias de Inglaterra y Escocia intentaban perpetuarse. 

Murió el 30 de noviembre de 1900.

El tiempo exigía cambios profundos en los gobiernos y las sociedades de la época pero, la rancia costumbre de la rutina acechaba hasta la ignominia a quienes se consideraban diferentes. No importaba que su visión mirara hacia el futuro, simplemente salía de la norma y esto era motivo para ser castigado, motivo de cárcel. 

Oscar Wilde fue un hombre prominente de su momento que exigió su lugar en ese espacio. Fue escritor, poeta, dramaturgo, pero sobre todo, inconforme con una realidad que llegaba a ser para él un yugo.

Fue uno de los más grandes dramaturgos de la época victoriana, un personaje singular que bastaba con verle para saberlo diferente. Aun sin la brillantez de su obra, hubiera sido una celebridad, pero su gran ingenio y personalidad irrumpía en todo lugar que se presentaba.

Hijo de destacados intelectuales de Dublín, desde niño habló perfectamente el idioma francés y el alemán. Se licenció en Magdalen College, Oxford, con los reconocimientos más altos en estudios clásicos, tanto para los llamados Mods, considerados tradicionalmente los exámenes más difíciles del mundo.

Oscar Wilde fue el segundo de tres hijos de dos destacados miembros de la sociedad angloirlandesa de Dublín. Esto sería esencial en su carrera y obra. 

En Londres conoció a Constance Lloyd, hija de Horace Lloyd, consejero de la reina. Durante una visita de Constance a Dublín, en la que ambos coincidieron, Wilde aprovechó la ocasión para pedirle matrimonio. Finalmente, se casaron el 29 de mayo de 1884 en Paddington, Londres.

Wilde recibió influencia de los escritores John Ruskin y Walter Pater, que defendían la importancia central del arte en la vida. 

Su dedicación, incluso preocupación por la filosofía del esteticismo lo llevó a considerar el mundo de manera muy diferente a como la concebía la mayoría de las personas pensantes de su tiempo.

Portavoz del esteticismo, dedicó su tiempo a varias actividades literarias; publicó un libro de poemas, dio conferencias en Estados Unidos y Canadá sobre el renacimiento inglés. En Londres trabajó como periodista

En la década de 1890, refinó sus ideas sobre la supremacía del arte en una serie de diálogos y ensayos, e incorporó temas de decadencia, duplicidad y belleza en su única novela, “El retrato de Dorian Gray”.

La oportunidad para desarrollar con precisión detalles estéticos y combinarlos con temas sociales le indujo a escribir teatro. En París, escribió “Salomé” en francés, pero su representación fue prohibida porque en la obra aparecían personajes bíblicos.

Mientras su obra “La importancia de llamarse Ernesto” triunfaba en los teatros de Inglaterra y Estados Unidos, Wilde estaba enfrascado en una demanda contra el papá de su íntimo amigo, Akfred Douglas, por difamación tras haberlo acusado de homosexualidad, que en ese entonces representaba un delito. 

Serían varios juicios los que se entablaron entre ese personaje y el escritor, para que éste fuera declarado finalmente culpable del delito de “indecencia grave” y encarcelado por dos años, obligado a realizar trabajos forzados.

En prisión, escribió “De Profundis”, una larga carta que describe el viaje espiritual que experimentó luego de sus juicios, un contrapunto oscuro a su anterior filosofía hedonista.

Tras su liberación, partió inmediatamente a Francia, para no regresar jamás a su tierra natal. En el exilio escribió su última obra “La balada de la cárcel de Reading”, poema en conmemoración a los duros ritmos de la vida carcelaria.

Murió indigente en París, a la edad de cuarenta y seis años.

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