¿Oposición o sabotaje?

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Desde la campaña de proselitismo que inició a mediados de 2018 la actual oposición sostuvo alianzas para impedir el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. No lucharon para ganar las elecciones.

El discurso de campaña de partidos como el PAN, el PRD o MC, que conformaron el frente AMOR, con el objetivo de que “Morena no gane”, tuvo como principal consigna impedir el arribo de ese partido al poder aunque haya ganado las elecciones. No lo lograron.

Esto sucedió en 2017, ahora, cuando esos partidos se ubican claramente en la oposición, donde no cabe duda del sitio que tienen en la preferencia de la población, nada cambia en la estrategia de esos partido.

Hacen alianzas para impedir que el Presidente de la República pueda gobernar, y se descarrile la Cuarta Transformación.

La oposición en México se ha olvidado de luchar por el poder, sabe que cada día está más lejano, de tal suerte que prefiere impedir que se gobierne como única manera de mostrar que están vivos como fuerza política. No lo lograron.

La oposición se considera perdedora en las urnas, por lo menos en los próximos dos años, la derrota electoral los dejó inmovilizados.

En esos partidos no hay división sólo éxodo, no hay diferencias sino diáspora. No hay peor crisis para un partido político que perder las elecciones, sobre todo de la manera en que lo padecieron en julio de 2018.

El partido en el poder atraviesa por un conflicto, pero no por una crisis. Calificar de crisis en ese partido es ver sólo una parte de la realidad. Un partido político no son sólo sus dirigentes, éstos son una minoría en cualquier organización política. Lo sustancial radica en la fuerza social, el partido y en su militancia.

Entre la transformación de la política actual está la democratización de grupos como partidos o sindicatos, condición que debe ser una constante en este tipo de asociaciones. Una muestra de que lo anacrónico quedó atrás.

La oposición no pudo actualizarse ni con la derrota electoral, de la cual se aprende mucho, no sólo practica los viejos vicios de la política dentro de sus partidos sino que percibe a la realidad como si el tiempo no pasara y los cambios no existieran.

No es fácil actualizar la visión de la realidad, sobre todo en un país donde la sumisión se confundía con la institucionalidad y la obediencia con la lealtad.

La práctica política del país fue sometida a la voluntad de una minoría, de tal manera que en algunos sectores de la población se convirtió en costumbre, hábito, incluso tradición y  costumbre, de tal suerte que quienes nada quieren que cambie ven la realidad de hoy con los ojos del ayer.

Impedir que el gobierno haga su trabajo, es una actividad más cercana al sabotaje que a la democracia, sobre todo si se lleva a cabo por los partidos políticos, que deben luchar por el poder por todos los medios, pero no destruir lo que a través de la democracia que realiza.

La representación social es lo que otorga la autoridad, peor se acostumbraron al fraude electoral que arrojó sólo autoritarismo.

De ahí que los partidos de oposición todavía no entiendan el lugar que ocupan en la democracia y ante la sociedad.

Impedir que se gobierne no es tarea de la oposición, gobernar un país es tarea también de ellos, pero el poder absoluto es adictivo para esos partidos.

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