Oposición en campaña

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La defensa de las ideas de un candidato debe convertirse en la protección de las ideas de todos cuando se es Presidente.

A veces, más continuamente de lo que cualquier mexicano quisiera, los miembros de los diferentes partidos de oposición evalúan los logros de la actual administración como una derrota partidista propia, incluso personal, como si la jornada electoral se extendiera del 1 de julio de 2018 hasta nuestros días, en una tensión política que algunos partidos ya no resisten.

Ahí está el caso del PAN, cuyo líder nacional, trató de convertirse en la fe de erratas del actual gobierno federal y lo único que logró fue desgastarse tanto que las críticas vertidas contra el presidente de la República tuvieron dos repercusiones que, no por inéditas en nuestra historia, eran esperadas.

La primera: la falta de credibilidad creciente que padece el PAN, pero sobre todo su líder, que por lo bueno o lo malo, lo correcto o lo incorrecto de la actual administración, era cuestionado de manera similar.

Es por ello que una parte de la militancia panista pide ahora la cabeza de Marko Cortés, en reclamo por tener como rehén al partido de sus críticas sin sentido, poco argumentadas y demasiado continuas.

Convirtió la actividad de un partido político en cuestionamientos cotidianos que con o sin razón, no pueden reducirse a la única tarea de un partido con registro que deba ser respetado.

El desgaste de las críticas que la cúpula panista consideró indispensable para hacerse notar, incluso intentaron convertirse en contrapeso político a través de la insistente frase de que son la segunda fuerza electoral, se hizo cada día más evidente hasta que se conforma un grupo disidente de ex gobernadores, diputados, senadores y líderes de ese partido que reclaman a Marko Cortés carecer de rumbo.

Los más tibios le piden reconsiderar su permanencia al frente de ese partido, los duros quieren que renuncie de inmediato y surja un liderazgo real y comprometido. Una petición, por cierto, demasiado tardía.

Ante esta división el PAN se debilita aún más y pierde todavía más credibilidad, la cual creció cuando su ex candidato Ricardo Anaya, mentía en cada debate cuando peleaba la Presidencia dela República.

Por su parte, el PRI está a punto de perder sus colores que nunca le pertenecieron pero se apoderó de ellos con la anuencia de sus militantes dentro y fuera del poder y la complicidad de las autoridades electorales que nunca se han atrevido a tocar el tema públicamente.

La impunidad de apoderarse de los colores que identifican al país en el extranjero y otorgan identidad a los mexicanos en el interior, no merece otra cosa que la pérdida del registro, el cual parece que no tiene muy seguro en algunos lugares del país en las próximas elecciones.

Es en medio de esa crisis en la que el tricolor deberá dejar de serlo para escoger nuevos matices de una política bastante gris.

El tiempo de las urnas ya pasó, ya no hay debate con el Presidente que antes era candidato, su postura es diferente, su posición diversa y su personalidad otra.

La defensa de las ideas de un candidato debe convertirse en la protección de las ideas de todos cuando se es Presidente.

Esto también lo han olvidado ante el golpe que les significó una derrota electoral de esas dimensiones, de ahí que quieran regresar a las ocho de la mañana de aquel aciago domingo 1 de julio para ver si es posible desgastar a Morena y su a presidente.

No lo han logrado a pesar de que insisten en que hay polarización social, que la inconformidad crece, de que la oposición es automáticamente contrapeso.

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