Nuevos partidos, viejas prerrogativas

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El INE aclaró que será en junio cuando el Consejo General apruebe los registros de aquellas organizaciones que hayan cumplido con todos los requisitos legales para ser partido político.

Los conservadores no pueden darse el lujo de contar con un partido político más. Su situación es precaria y la cantidad de votos que puedan recaudar sólo provocará la pulverización de su aceptación social en las urnas. Corren el riesgo de desaparecerse entre sí.

Esto no implica que la derecha deba limitarse a los partidos con los que cuenta sino todo lo contrario. Los ciudadanos saben que partidos como el PRI son de derecha, pero no pueden catalogarse como conservadores, porque simplemente son como son y no hay duda sobre su inamovible proyecto de excesos y autoritarismos. De ahí su pérdida cotidiana de militantes.

Conservadores y derecha, cada uno con su propia intensidad de pasado, sabe que no puede ganar elecciones, pero sí obtener una rebanada del subsidio a los partidos políticos. Es decir, abren un negocio, que en realidad debiera estar afiliado a Coparmex y no al INE.

La llegada de nuevos partidos no abre el abanico de alternativas públicas, ideológicas o de alternativas administrativas novedosas; al contrario, lo que se vislumbra en el panorama de los nuevos posibles partidos son nostálgicas posibilidades de revivir el pasado.

No sólo de derecha sino de izquierda, del centro y de toda la gama de antigüedades políticas, hay partidos que se forman para lucrar con la apariencia de encarnar la democracia.

Sobran partidos y falta dinero para obra pública en medio de uno de los sistemas electorales más caros del mundo. Abonar a nuevos partidos en lugar de depurar su innecesaria cantidad es un exceso.

Los partidos que buscan ahora su registro condicionado son una muestra de que no perciben correctamente el presente y se muestran como una intención de volver al pasado, como si la historia fuera involución.

Pero la historia la impulsan los ciudadanos y no los partidos.

La autoridad electoral dijo que todavía no hay nada definitivo, pero los medios contagiados de ese nostálgico entusiasmo dan por un hecho todo avance de los nuevos partidos que no representan alternativas sino que repiten vicios del pasado. Incluso, puede hablarse de partidos que no representan a nadie.

Las simpatías de los electores se encuentra en los extremos, pero no por ello está polarizada, se sabe que debe haber conciliación en el entorno político y, desde luego, en el social.

De otra manera, el ejercicio del poder sería selectivo y crearía polarización social. Se trata de incluir a los que están, que no son pocos para juntos transformar en beneficio de todos, pero para algunos la prioridad es no permitir gobernar y esto incluye la desaparición de pactos legislativos, de armonización de la sociedad, de la conciliación de intereses, hacer coincidentes las ideas, etc.

De llegar nuevos partidos que hagan ruido para hacerse notar, en busca de identidad y con hambre de reflectores para justificar su existencia. Ninguno dejará de lado su búsqueda del registro condicionado a cambio de la alianza, de la unidad, lo que harán es tratar de sacar la cabeza de ser protagónicos.

El INE deberá ser muy estricto a la hora de dar de alta a los partidos, sobre todo en momentos en que sus prerrogativas son parte del debate nacional, a través de la discusión legislativa, poder que otorga a cada consejero su categoría de autoridad electoral.

Los nuevos partidos deben sujetarse a una normatividad que debe aprobarse antes de darles su vigencia.

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