No hay absurdos pequeños

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Los medios han quedado entrampados entre lo que quieren y lo que pueden. En uno de ellos, se responsabiliza a la fracción de Morena en la Cámara de Diputados de no haber cumplido, así dice, “cumplido”, con el 26 por ciento de sus compromisos.

Es decir, que el 74 por ciento de esos compromisos los subió al debate en un año, lo cual es un récord de cualquier partido en el poder en México envidiaría; pero como la memoria se vuelve rencor y la lógica resentimiento, les interesa recalcar lo que no se hizo, aunque se haya hecho la mayor parte.

En el Poder Legislativo, como sucede en todo país que tenga nuestro sistema, no puede asegurar algo o prometer un acuerdo parlamentario a nadie. Pero si se hubiera impuesto la mayoría de Morena, lo cual no sucedió y si sucedió no se dieron cuenta los dirigentes de ese diario, hubieran calificado de mayoriteo, de autoritarismo, de imposición.

Los acuerdos parlamentarios son responsabilidad de todos los partidos y de todos los diputados y senadores, de ahí que la falta de aprobación de leyes y reformas es culpa de todos o de ninguno.

La crítica por estos motivos se convierte en una seria advertencia sobre la postura parcial de los medios y éste es un claro ejemplo de la pugna cotidiana. Porque así empiezan los medios hegemónicos cuando se ponen al servicio de la derecha internacional, para derrocar al régimen que no les apoya, o que no los mantiene para ser más claros.

La democracia con medios centaveados no es democracia, y así se ha vivido por muchos años, con la contribución invaluable de una prensa al servicio del mejor postor.

Pero, cuando se tiene al régimen como enemigo sistemático, se buscan datos que justifiquen, ante todos, dicha enemistad, como es el caso de este diario que no se detiene al afirmar que “la falta de acuerdos en la Cámara de Diputados mermó la agenda legislativa de los grupos parlamentarios, lo que ocasionó que cerraran el 2019 con muchos pendientes…”

Los acuerdos son parte del gobierno federal que se divide en tres: el Ejecutivo, el Judicial  y el Legislativo, donde lo trascendente, en este caso radica en que trabajen y lo acuerdos son responsabilidad de todos, los que votan a favor y los que votan en contra. Cada uno de ellos tiene una representación social, con la que deben ser obedientes y congruentes.

Los medios estaban al lado del Legislativo monolítico, donde cabildeaban la defensa de sus intereses en el Congreso, su apoyo o crítica dependía de la defensa o ataque que los legisladores hicieran a sus privilegios.

Es lógico que ahora no puedan soportar una legislación que paulatinamente se independiza del Ejecutivo y que poco a poco también, se deslinda de la manipulación de los empresarios que le ponían precio a su voto en el Congreso.

Es decir, acostumbrados a que todo lo decida el Jefe del Ejecutivo, y los otros dos poderes obedecieran sus órdenes, los acuerdos ocurrían como por arte de magia o de mafia.

Ya no es así o ya no debe ser así, y la manera de ver la realidad con ojos del pasado es la principal causa de que los medios carezcan de la credibilidad y la influencia social propios de una democracia.

Los medios en México están acostumbrados a manipular opiniones y no a informar, de ahí que todavía no entiendan una realidad que los rebasó desde hace mucho tiempo.

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