Niños, la venganza

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Hay fuerzas no tan ocultas que últimamente utilizan a los niños como carne de cañón. No sólo es el caso de los menores de edad que las policías comunitarias de Guerrero los ha entrenado para repeler a la delincuencia sino otros niños que en su nombre se crean trincheras de desprestigio y venganza.

Los niños son la parte más sensible de la vulnerabilidad social y el sector más frágil de la población, el más descuidado tradicionalmente por los gobiernos; sin embargo, los sacan a pelear cuando su vulnerabilidad obliga a tomar posturas políticas, partidistas, incluso ideológicas.

Los menores de edad se convierten en bandera involuntaria de quienes quieren destacar, competir y vencer en nombre de la infancia.

Son pocos los actos y eventos a favor de los niños que se manejan con bajo perfil. Los niños son el centro de la especulación informativa, el epicentro de la publicidad más ruin, el atractivo de la sensibilidad televisiva, la parte de la población a la que todos están obligados a honrar y privilegiar, aunque sea en teoría.

Así los niños serán siempre el aderezo de toda lucha política o ideológica, de las campañas políticas, del proselitismo de los laboratorios farmacéuticos.

Y dicho sea de paso, en este sentido, también se ha abusado mucho de ellos desde todos los ámbitos de la sociedad. Hasta el hartazgo, incluso.

Lo que es un hecho es que cuando los argumentos sólidos se terminan, sobre todo en el mundo mediático, se echa mano de una especie de ejército de reserva para reactivar viejos preceptos, cargar el arsenal de críticas injustificadas o bien satisfacer el rencor que nunca sacia su apetito.

Los niños son esa parte de la población que están donde los adultos quieren que estén. Incluso su problemática, sus necesidades son impuestas por los adultos, así como sus gustos y hasta caprichos.

El arma secreta de la sensibilidad impuesta por los medios se llama niños. Ellos no lo saben, están ajenos al uso que le dan los mayores, carecen de voz a la hora de justificar o explicar su ubicación física y su conciencia mental.

A pesar de todo, son llevados y traídos como un símbolo de golpeteo a favor de los conservadores en contra de quienes en lugar de utilizarlos, trabajan por ellos, condición que carece de tradición en países como México.

Los niños siempre han sido parte sustancial del discurso político, pero nunca se había hecho nada por ellos; son la bandera de una causa pero su participación no goza de buena salud. Es decir, la costumbre de anunciar algo o promover a alguien en nombre de los niños está más cerca del chantaje que de la solidaridad con ellos.

Sin la parte más vulnerable de la población y la más utilizada para crear conciencia, verdadera o falsa, de los síntomas de descomposición de una sociedad.

La propia utilización de los niños es un síntoma de descomposición social en lo general pero, más concretamente del grupo social que los utiliza.

La infancia en México tiene que ver más con la consigna que con su atención, con la publicidad que con su bienestar. Es un insumo para los discursos, pero también para los negocios.

Los niños en México, son siempre parte de un proyecto y no el proyecto en sí.

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