Melchor Ocampo fue una pieza clave en la Reforma. José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo, nació el 5 de enero de 1814 en Maravatío, Michoacán. Fue dejado en la puerta de la hacienda de una acomodada mujer, que lo crió como hijo propio.

Realizó sus primeros estudios en el seminario católico de Morelia, Michoacán, donde fue marginado por no tener padres. Este proceso de la educación del hombre clave de Benito Juárez lo narra la película Huérfanos, dirigida por Guita Schyfter, apegada a los testimonios históricos que rodearon la vida de ese personaje.

Melchor Ocampo estudió Leyes en el Colegio Seminario de México, y se recibió de Abogado. Comenzó a trabajar en un estudio jurídico en 1833 y en 1840 viajó a Francia, donde fue influido por las ideas liberales y anticlericales de la Ilustración. 

Según el filme antes mencionado, viajó al “Viejo Continente” porque su nana Ana María Escobar estaba embarazada de él, en un romance furtivo pero apasionado y eterno. Su primera hija, Josefa, fue convirtiéndose poco a poco en su acompañante permanente, una especie de asesora que mantenía con Melchor Ocampo una relación además de filial de admiración. 

Para resguardar el amorío con Ana María, Melchor internaba en un orfanato a cada uno de sus hijos, después de Josefa, Petra, Julia y Lucila.

En 1842, a los 28 años, fue diputado y en las elecciones de 1846, fue elegido unánimemente gobernador de su estado natal, Michoacán. 

Durante su administración, restableció la Escuela de Administración Pública de San Nicolás Obispo. Ocupó el ejecutivo estatal hasta el 24 de enero 1853, cuando sus reiteradas renuncias fueron aceptadas por la legislatura con un voto unánime de agradecimiento por sus servicios eminentes. 

Se retiró a su casa del campo, Pomoca, pero, después de la llegada del dictador Antonio López de Santa Anna a la presidencia, Ocampo fue arrestado en junio de 1853 y encarcelado en la fortaleza de San Juan de Ulúa hasta que un buque lo llevó al exilio en los Estados Unidos. 

En 1856 sobrellevó una nueva angustia cuando supo la noticia de que su hija se casaría con José María Mata. No dudaba del buen juicio de su primogénita, pues ella nunca callaba ni las virtudes ni los defectos de ninguna persona; además, Mata era un hombre “de rectas costumbres y buenos principios”. 

Le angustiaba a Ocampo la idea de un distanciamiento con su hija, el miedo de perder a la mujer con quien compartía cada momento de su vida.

Cuando triunfó la revolución de Ayutla, que derrocó a Santa Anna e instaló al general liberal Juan Álvarez, Ocampo fue nombrado por el presidente Álvarez jefe de su gabinete y secretario de Estado. Ocampo pronto renunció, ya que se oponía a la política del secretario de Guerra, Ignacio Comonfort. 

Ocupó un escaño en el Congreso y tomó parte en la discusión de la Constitución de 1857. Después de la caída de Comonfort, fue nombrado por Juárez secretario de Estado y secretario interino de la guerra en enero de 1858. También tomó parte en la promulgación de las Leyes de Reforma de 12 de julio de 1859, que provocaron la separación de Iglesia y Estado.

En enero de 1860, fue nombrado nuevamente secretario de Estado pero, al estar en desacuerdo con Juárez respecto al decreto de amnistía, renunció y se retiró a su granja Pomoca. 

Pocos meses después, un comando dirigido por Lindoro Cajigas apareció en Pomoca. Confundiendo a un amigo de Ocampo con el dueño de la finca, se lo llevaron prisionero, y éste, para salvar a su amigo, permaneció en silencio; cuando Ocampo apareció, se entregó. 

Fue apresado y trasladado a pie a Tepeji del Río, entregado a Zuloaga y Márquez, y el 3 de junio de 1861 fue fusilado, a pesar de los ruegos de muchas personas influyentes de la capital, entre ellos el ministro francés.

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