José Lezama Lima nació un 19 de diciembre de 1910. Escritor de sorprendente fuerza narrativa, precursor del barroquismo que rescata toda la esencia del sincretismo que unió los dos mundos en el siglo del encuentro, fue poeta, ensayista y novelista. 

Es miembro del boom latinoamericano que por varias décadas imperó en el mundo literario del paneta. Junto con Alejo Carpentier es considerado el mejor escritor cubano de los últimos tiempos.

El insólito como desgarrador neobarroquismo, que tuvo su más logrado alcance en la novela Paradiso (1966), convierte este libro en objeto de estudio. Sin su propuesta literaria y su audacia narrativa, no podría entenderse la calidad de la literatura latinoamericana. 

Su padre era coronel. A pesar de esta consideración, participó en los alzamientos estudiantiles contra la dictadura de Gerardo Machado. Estudió Derecho, aunque su vocación fue la de literato de altos vuelos. 

Sólo abandonó la isla durante dos breves estancias en México y Jamaica. Fundó la revista Verbum y estuvo al frente de la tribuna literaria cubana más importante de entonces, Orígenes, de la que fue fundador junto con José Rodríguez Feo, en 1944.

En esta última revista se expusieron las tendencias literarias de sus fundadores y colaboradores: lirismo estetizante e intelectualismo, clasicismo inclinado hacia el neoculteranismo y ausencia de todo compromiso social, lo que determinó su carácter altamente elitista y le permitió tener entre sus colaboradores poetas como el español Juan Ramón Jiménez, autor de la novela impecable “Platero y yo”.

Los principales amigos, de cuya obra también influyó en Lezama fueron Cintio Vitier, Eliseo Diego, Virgilio Piñera y Octavio Smith, además del también poeta y sacerdote español Ángel Gaztelú.

Gran conocedor de Luis de Góngora y de las corrientes culteranas y herméticas, estudió a Platón y a los poetas clásicos. Vivió plenamente entregado a los libros, a la lectura y la escritura.

No permitió que su obra, sobre todo la poesía –poco conocida– tocara temas revolucionarios; no cayó en la tentación de hacer concesiones a este hecho histórico. 

Para muchos especialistas, el conjunto de la obra lezamiana representó dentro de la literatura hispanoamericana una ruptura radical con el realismo y la psicología, y aportó una alquimia expresiva que no provenía de nadie. La complejidad de su prosa no impedía el placer estético de leerlo y releerlo. 

El escritor argentino Julio Cortázar fue una de las primeras voces calificadas para advertir la singularidad de su propuesta literaria que merece degustarse sin parpadeos.

Su libro de poemas inicial fue Muerte de Narciso (1937), al que siguieron Enemigo rumor (1941), Aventuras sigilosas (1945), La fijeza (1949) y Dador (1960), entre otros.

Sin embargo, la obra que consagró a Lezama Lima dentro de las letras hispanoamericanas fue la novela Paradiso (1966), en la que se ha querido ver una doble alusión a la inocencia bíblica anterior al pecado original y a la culminación del ciclo dantesco, dentro de la cosmogonía caribeña. 

Según los especialistas, Paradiso merece un capítulo aparte en la bibliografía del autor. Se ha considerado una novela de aprendizaje por la descripción a todos los niveles del proceso de desarrollo del protagonista, José Cemí, desde su infancia hasta la madurez. 

El conjunto de la narración muestra una imagen arquetípica de Cuba en el sentido del platonismo, que es a la vez un contrapunto actualizado con las páginas del diario de Cristóbal Colón que describen la edénica belleza de la isla recién descubierta, que, como todo Edén, alberga la certidumbre de su pérdida. 

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