La soledad de los partidos

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A los partidos políticos los financian los impuestos de los contribuyentes, es decir, el pueblo al que olvidan cuando llegan al poder. Así es la miseria política, económica y moral.

Es lamentable la condición de los partidos políticos que no pueden sobrevivir sin el dinero del pueblo, una población que han despreciado sistemáticamente cuando llegan al poder, en una contradicción que los coloca en una situación lamentable, de miseria política y económica, sin capacidad de convocatoria y sin la posibilidad de convertirse en contrapeso.

Porque de su sobrevivencia depende el esfuerzo de los mexicanos que trabajan y producen impuestos para que los integrantes de los partidos políticos vivan como viven actualmente, sin necesidades urgentes ni limitaciones económicas.

Es decir, se vive cómodamente gracias al esfuerzo de los mexicanos. Por ejemplo, el salario del líder nacional del PAN es de 171 mil pesos. Es dinero que no recibe por su productividad sino por criticar a un gobierno que eligió la mayoría de los votantes. Salario injusto al que no quiere renunciar, porque le resulta muy cómodo cobrarlo a cambio de un discurso vacío y lleno de resentimiento. Nunca se ha conocido una propuesta lógica y factible del panista desde que está en ese cargo.

Su antecesor en el liderazgo nacional de ese partido, que nadie eligió, ganaba 240 mil pesos mensualmente por hacer nada. Sólo declaraciones, burlas al contrincante y un sinnúmero de mentiras en los medios.

Así, sobre esa base económica particular nunca fueron capaces de agradecer el pueblo su salario, al contrario, lo vapulearon y lo engañaron hasta el cansancio.

Mientras la mayoría de los mexicanos gana un sueldo injusto por el bajo monto, estos líderes ganan un salario injusto por lo insultante de su cantidad, en una situación donde los que menos ganan subsidian a los que ganan bien sin hacer nada bien.

La decisión en la Cámara de Diputados de los partidos de oposición, al no aceptar la reducción de la mitad de sus prerrogativas los aleja de la población y ante cualquier propuesta, por lógica y novedosa que sea, seguramente tendrán un rechazo superior al supuesto beneficio de la sugerencia.

La mayor inversión de un partido político digno de llamarse así, es el acercamiento a la población; al rechazar la oposición la reducción de las prerrogativas la aleja.

Las alternativas de sobrevivencia de los partidos políticos en México son muchas. En otros países la gente no mantiene a los líderes de las organizaciones políticas, pagan cuotas; trabajan por lo menos.

La propuesta no implicaba el retiro del subsidio sino la reducción de la mitad. Pero esta cantidad es indispensable para continuar trabajando, sobre todo con los altos salarios de la cúpula de cada partido que no es muy diferente a lo que perciben los panistas.

Los partidos tradicionales siguen pensando que las elecciones se ganan con dinero, la premisa añeja es que mientras más se “invierta” en una campaña mayor es la probabilidad de triunfo.

Morena ganó sin dinero de más y la campaña fue  realizada en los lugares donde debía, de paraje en paraje, de pueblo en pueblo, de distrito en distrito, de municipio en municipio.

Sin embargo, la oposición le apostó por la campaña fría, desgastada a pesar de su novedosa aparición de hacer proselitismo a través de la redes sociales. Es decir, las frías redes que sustituían el apretón de manos, el abrazo, que anulaban mirar a los ojos, que descalificaban el calor humano.

Todavía no se han dado cuenta de que las herramientas tecnológicas no sustituyen a la idea, son sólo instrumentos que complementan el quehacer político, pero no lo sustituyen y los partidos de oposición utilizaron las redes en lugar de la campaña humana y cálida de dar a conocer los proyectos viendo a los ojos.

La soledad que viene para la mayoría de los partidos de oposición puede costarles el registro, por lo pronto ya los mexicanos los están conociendo y juzgando.

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