La realidad imaginada

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En política la realidad se inventa o se descubre. Nada se presenta al desnudo en la escena pública, aunque siempre exige de una traducción para que el público siga siendo considerado un menor de edad. Así que la interpretación de la política siempre es indispensable, por necesidad o por gusto.

En el pasado esta información se reducía a la vida privada de los políticos. Esa fue por varios años la actividad pública de los funcionarios del gobierno.

La sobreexposición de este tipo de políticos sobre su trabajo en varios sexenios hizo de la difusión de sus tareas un escándalo fríamente calculado por los medios, tratando de convencer a la población de que esas anécdotas triviales, donde el centro de las historias eran los políticos y su vida privada.

Con los excesos como parte del guión, hacía más lejana la distancia entre los funcionarios públicos y el pueblo. Casi como dioses a quienes se les perdonaba todo exceso.

La intención consistía en hacer ver a la corrupción como una tarea propia de los privilegiados que cada día se alejaba más de ser un delito. 

Por otra parte, la corrupción se acercaba más a la práctica de un deporte que a un ilícito, pero era un deporte para privilegiados, no todos podrían llevarla a cabo con la garantía de llevarse la medalla de la impunidad consigo.

Es decir, la realidad de la práctica política se reducía al espectáculo que brindaban los políticos en su quehacer ilícito ante toda la población. 

No había que descubrir nada, la corrupción estaba clara y sus protagonistas expuestos, lo demás era lo de menos. Tampoco era necesaria interpretación alguna, toda conducta de los funcionarios públicos, parecía ser un acto normal.

Ahora que la realidad implica trabajo, las interpretaciones de los medios sobran. Las notas informativas no dejan de caer en la tentación de editorializar todo gesto de los políticos, principalmente del presidente de la República. 

Se intenta descifrar un lenguaje que lejos de ser crítico es tan común que evoca dichos populares y consejas de la gente.

Después de muchos años de preservar las anécdotas de los políticos que dejaron de ser escándalo para convertirse en la información diaria, ahora se dedican a darle significados hasta esotéricos a unas palabras que rayan en lo popular, donde quieren encontrar un mensaje encriptado que dicen significa precisamente los que los medios resentidos quieren que signifique.

Acostumbrados a ser reflejo de boletines y recomendaciones a través de sus medios; habituados a olvidarse de descubrir para narrar lo que era menester narrar a cambio de casi nada, pero que servía para separar, con la distancia requerida, a gobernados y gobernantes. 

Ahora que no hay nada que investigar porque está la vista de todos, estrenan actividad tratando de averiguar lo que hay detrás de las palabras y los hechos de una administración que todavía no quieren aceptar.

Así, inventar y descubrir se hermanan ahora en los medios para arrojar a los ojos de la población una realidad heterogénea, donde cada medio habla diferente sobre un mismo hecho, confundiendo a su público y forzándolo a perder su confianza y credibilidad. De ahí su progresiva decadencia.

La realidad política del país es conjugada en el laboratorio de intereses de los medios de información para tender una trampa a su público. 

En esa trampa sólo cae su credibilidad, porque su lenguaje está cambiando y esto ya es un logro del nuevo gobierno, basta darle un vistazo a esos medios que no se han dado cuenta que también ellos se transforman.

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