La derecha cumple cinco siglos

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Hay quienes aseguran que en países como Chile, Bolivia y Colombia se regresa al pasado. Cada país con situaciones sociales donde la vida de las personas está en peligro.

En Chile, el espectro de Pinochet en manos de Piñera, expulsa imágenes que pareciera que vemos un periódico de los setenta, cuando se notificaba sobre los abusos del régimen militar contra los chilenos. Ahora sucede lo mismo.

Los golpes de Estado que parecían haberse quedado en el pasado y en la ignominia de la historia latinoamericana renacen o simplemente vuelven como alternativa de gobierno.

Esos nostálgicos de los golpes de Estado ubicados lo mismo en Venezuela, en Dominicana o en México, quieren impulsar un regreso al pasado sin importar los sacrificios ni el tiempo invertido en la evolución humana.

Los líderes naturales convertidos en presos políticos, la invención de delitos contra opositores, el encarcelamiento de personajes como Inacio Lula Da Silva o Dilma Rousseff, el encarcelamiento de la oposición, el castigo a la inconformidad, etc. Son noticias de hoy que parecieran extraídas de un noticiario de hace medio siglo.

La derecha no ha vuelto a viejas prácticas, simplemente no las ha abandonado. Si bien no las había puesto en práctica, eso no quiere decir que las hayan actualizado. La derecha, que es el camino hacia el pasado o simplemente el estancamiento de los derechos de la gente, a cambio de la acumulación salvaje de la riqueza.

El colonialismo, el esclavismo, el feudalismo, la sobreexplotación, el trabajo infantil que parecía formar parte del pasado, ahora están ahí, en los noticieros del mundo que dan cuenta de un retroceso que nadie había advertido porque el mundo pensaba hechos superados por la razón, la democracia, la lógica, la verdad.

La derecha no se renueva. Lo estamos viendo claramente, sus grandes patrocinadores como la CIA y el FMI, siguen también con las mismas prácticas. Vemos su penetración a través de los medios en países donde los gobiernos no les son favorables a sus intereses; también somos testigos de la especulación financiera para desarticular el avance de las finanzas de los países con gobierno progresista.

La CIA tampoco ha cambiado, sólo cambian de herramientas, la tecnología con su crecimiento acelerado impide que organismos conservadores como la CIA puedan tener métodos más adecuados para detener el avance de los regímenes democráticos.

Los nuevos factores que convertidos casi en conceptos de la modernidad están adaptados al espionaje y a la persecución, pero no han adoptado todavía medidas que puedan renovar sus métodos de coerción hacia los regímenes progresistas.

Los métodos invasivos de los intereses económicos internacionales cambian lenta y torpemente, dando tiempo y evidencias para que la gente pueda advertir sus intenciones y dejar de creer en sus postulados desgastados que tratan de imponer todavía como verdaderas novedades políticas y tecnológicas.

Los instrumentos que siempre la CIA ha tenido a la mano son los medios de información. Su hermandad con la dependencia tecnológica, los vuelve interactivos y a veces, interdependientes. Ante este camino en pajea por el tiempo destrozando democracia e imponiendo líderes de papel, los medios y la CIA, muestran ya su intención ante cualquier expresión.

Así, tanta la CIA como los medios utilizados a lo largo y ancho del mundo, pierden credibilidad y respeto, cuando antes imponían terror y criterios aun entre los más ilustrados. La parte contraria al conservadurismo camina con la dinámica de la sociedad de ahí su vigencia y permanencia. La derecha, a pesar de su evocación a la modernidad, tienen sus objetivos en el pasado.

La derecha no cambia ni cambiará de métodos, podrá hacerlo de herramientas e instrumentos, incluso de cómplices, pero su técnica es la misma porque sus intereses son siempre los mismos y lo han sido desde hace más de cinco siglos. Por eso no cambian.

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