Individualismo, arma o herramienta

308

La necesidad de algunos comentaristas en los medios de intentar acercarse, lo más posible, a la sensibilidad de su lectores escogen hablar de un caso en particular, cuando la labor del periodismo es servir a la sociedad y no a la individualidad, a los hombres y mujeres y no sólo a los niños en tiempos de venganza, sea ésta encarnada por un famoso o por un ciudadano.

Llegar a la sensibilidad a flor de piel del lector tiene más semejanza a los programas televisivos de casos de la vida real o de otros que parten de lo individual y no llegan a la generalidad.

Ahí se quedan la anécdota con la que finalmente nadie se identifica, contrario a sus intenciones, ni siquiera se sensibiliza sino que se comenta como parte de una realidad que transcurre puertas afuera de la vida cotidiana.

El periodismo es un servicio social, para la comunidad, un testimonio para incorporar a la historia, una versión sobre la realidad, pero el hecho de narrar lo que le sucede a alguien en particular con un antecedente de este tipo de narraciones televisivas sobre una realidad muchas veces inexistente, la poca validez que pueda contener se convierte en parte del imaginario social.

A pesar de todo la televisión todavía forma parte de nuestra educación y nuestra cultura.

Colocar en medio de la información o de su interpretación un caso individual, es un retroceso en la forma de comunicar en busca de la conmiseración y la persuasión hacia alguna postura política, partidista o ideológica.

Así está la guerra en los medios actualmente, negarla o soslayarla nos alejaría más de la realidad. Se abusa de las anécdotas y los problemas sociales, los que son comunes a muchos se soslayan.

Se prefiere hablar de una niña con cáncer que de las comisiones que recibían los funcionarios públicos de los laboratorios farmacéuticos a cambio del monopolio y el sobreprecio de sus productos.

No es cuestión de enfoques, es consigna.

La gravedad de los enfermos de hoy debe erradicarse como una enfermedad que deja de ser crónica.

Sin embargo, no falta pretexto para la sensiblería, que si bien no son falsos los casos, hay una solución a la vista para que los problemas que ahora denuncian con las vestiduras desgarradas no vuelven a repetirse en el país.

El dolor de un enfermo de cáncer, sin importar su edad, debe ser digno de atención no sólo por parte del gobierno sino de la sociedad misma.

La solidaridad es parte de la convivencia contemporánea. Ahora, los comunicadores sin intención de dar a conocer los problemas sociales sino individuales, colocan en sus espacios la figura más sensible de una sociedad: Los niños.

Porque esos críticos del actual sistema no hablan de mexicanos de otras edades que padecen esa enfermedad, sino de lo que consideran que pueden acarrearle simpatías y rating. 

Los defensores del sentimentalismo periodístico saben que no tendrán detractores en sus puntos de vista porque para ellos esta postura acusaría no sólo falta de sensibilidad sino carente de ética.

De ahí que al tomar temas sensibleros no haya un dique de contención y los convencionalismos y las conmiseraciones llegan a convertirse en mercancía en los medios conservadores que ponderan el sufrimiento de una persona sobre el de miles.

Porque informar sobre los miles no toca las fibras sensibles del ser humano, la conciencia sobre el problema que sufren se les escapa de la percepción según esos medios, como si el medio de información tratara a los ciudadanos como menores de edad en el momento de entender la realidad.

Cuando el problema individual se expone en los medios se exalta el individualismo y todo ellos lo saben. Esa es la herramienta favorita de quienes en el pasado manipularon la realidad a su conveniencia. La noción del individualismo contra la trascendencia de lo social.

Lo más  fácil para atraer adeptos, simpatizantes y, a veces, votantes, es rascar levemente en la epidermis del problema, donde hay una persona con un mal social que debe ser solucionado para todos quienes lo padecen y no para todos, pero el individualismo se convierte  en el símbolo de la decadencia de la sociedad, basta ver la historia.

1 Shares