Hacia una nueva Constitución Política

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Desde finales del siglo xv y durante 300 años, algunos países europeos, especialmente España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra, dirigidos por monarquias absolutistas, se apoderaron violentamente de los territorios, de los recursos naturales y de las poblaciones que encontraron a su paso, sobre todo en África y en lo que hoy se conoce como América.

Dotados de armamentos superiores sometieron y en gran medida eliminaron a las poblaciones originarias. La fuerza de las armas les dio el poder y la supuesta legitimidad para apoderarse de todo, para eliminar a quien se opusiera e incluso para imponer gobiernos, dioses y creencias a su gusto sin más limites que la ambición.

Los pobladores originarios, despojados hasta de la más elemental dignidad humana fueron sometidos, masacrados, humillados, esclavizados, asesinados en nombre de los reyes a quienes los invasores decían servir y de los dioses a su servicio. Durante esos 300 años, los pueblos sometidos carecieron de todo derecho y los territorios ocupados fueron saqueados, además de que los descendientes de los invasores se fueron adueñando de todo bien posible.

Los descendientes de los pueblos originarios ya no eran dueños de nada ni se les reconocían derechos de propiedad. Carecían hasta del derecho a imaginar que podían tener derechos. Los amos imperiales eran dueños de todo, de la tierra, del mar, de los ríos, de los animales, de las personas, incluso, eran los dueños de los dioses y de la educación y del derecho a pensar. Eran dueños hasta del universo, porque acomodaban el cielo y las estrellas como ellos querían.

Mientras esto ocurría en América y en Africa, en los paises de origen de los invasores también había poblaciones pobres, carentes de derechos y reclamaban mejores condiciones. Hombres de gran inteligencia y valentía cuestionaban los excesos de gobernantes tiranos y ambiciosos, a la vez que enfrentaban las enseñanzas de religiones y religiosos dedicados a justificar el poder y a los poderosos.

El mundo se abría a nuevas ideas de libertad, de justicia, de dignidad y se enfrentaba con éxito a los abusos de un absolutismo monárquico despiadado y a una jerarquía eclesiástica obsoleta y corrupta.

A finales del siglo xviii el mundo se sacude con la guerra de independencia de las colonias inglesas en América del Norte, mientras que el pueblo francés manda al rey y a sus instituciones obsoletas a la guillotina.

Estados Unidos aprueba la primera constitución política.

Las rebeliones contra las monarquías europeas, los conflictos entre ellas y la guerra de independencia norteamericana acercaron vientos de esperanza a nuestro territorio y a otros pueblos sometidos en el sur del continente. Voces de los pueblos clamando justicia y libertad dieron paso muy pronto a luchas de independencia.

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