“Los murales son obras hacia las que el público tiene la misma actitud que a veces tenemos con amigos muy cercanos: es que están ahí y sin ellos nuestra vida sería distinta”, opinaba el muralista, creador de

José Chávez Morado formó parte del movimiento muralista mexicano. Su compromiso político lo llevó también a incursionar en el grabado y la difusión cultural de su época.

Siempre estuvo apegado a su postura contestataria, que en más de una ocasión le costó ser reprimido por el régimen autoritario en el poder. 

Fue también asesor cultural, tarea que arrojó una valiosa aportación en el terreno de la creación de instituciones educativas, impulsando la cultura en México y en su estado natal.

Lo que más le gustaba del muralismo era su contacto permanente con el espectador. 

“Los murales son obras hacia las que el público tiene la misma actitud que a veces tenemos con los miembros de nuestra familia o con amigos muy cercanos: a fuerza de verlos y convivir con ellos parece que no los tomamos en cuenta, pero lo cierto es que están ahí y que sin ellos nuestra vida sería distinta”, opinaba. 

Recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1974. Dejó en su obra un legado social y una gran riqueza para el arte mexicano, además de una muestra de su convicción revolucionaria inigualable. 

Fue digno exponente de la tercera generación de la denominada Escuela Mexicana de Pintura, junto con Juan O’Gorman, Raúl Anguiano y Alfredo Zalce.

José Chávez Morado alcanzó la cúspide en su producción muralística: en su haber cuenta con aproximadamente 30 murales, entre los que destacan los ubicados en Ciudad Universitaria (El retorno de Quetzalcóatl, La conquista de la energía, y La ciencia del trabajo), la Alhóndiga de Granaditas (Guanajuato), el Museo Nacional de Antropología, el Centro Médico Nacional, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, entre otros.

La Conquista de la Energía, mural ubicado en la Antigua Facultad de Ciencias. José Chávez Morado elaboró este mural con una técnica de mosaico de vidrio en los años de 1952 a 1953. Ciudad Universitaria. Foto: Fundación UNAM

Según los críticos, la trayectoria artística de Chávez Morado no puede verse de manera aislada a sus preocupaciones políticas, las cuales lo llevaron a ingresar, en 1936, a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), organización que se pronunciaba contra el fascismo y del imperialismo y cuyas actividades se encontraban estrechamente vinculadas a la clase trabajadora.

Al interior del grupo, el maestro realizó numerosos grabados de fuerte contenido crítico contra la represión, que fueron publicados en el periódico Frente a Frente

En 1938, al disolverse la organización, se unió al Taller de Gráfica Popular, en compañía de Alfredo Zalce, Pablo O’Higgins y Leopoldo Méndez, entre otros.

Destacó como educador, museólogo y coleccionista de obra de arte y arqueológicas. Compartió con su generación el afán por ocuparse más de trabajos concretos y de organizar instituciones de producción artística y de proyectos de espacio público popular que de las glorias y las famas personalizadas. 

Junto con su esposa, la pintora Olga Costa, Chávez Morado decidió donar, en 1975, su colección de arte prehispánico al Museo Regional de la Alhóndiga de Granaditas y la de arte colonial y popular al Museo del Pueblo de Guanajuato.

Nació en Silao, Guanajuato, el 4 de enero de 1909 y murió ahí mismo el 1 de diciembre de 2002

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