Geometría política

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La izquierda y México se encaminan a ser interdependientes. La necesidad de los mexicanos por salir de la inequidad, hace de esta política un devenir en paralelo hacia el futuro.

La izquierda y México se necesitan y por eso se exigen –identificación de por medio–, corresponsabilidad, la cual de concretarse tendrá una larga vida en común.

El triunfo de Morena en las urnas radicalizó a la derecha hasta acercarla al fascismo y alejarla de la democracia. Sus orígenes cristeros despiertan sus bases más duras y conservadoras.

La fragilidad de los argumentos de la derecha contra la Cuarta Transformación, debilita a la oposición cuya fortaleza perdió en las urnas.

Y en lugar de constituirse en oposición trató de crear un contrapeso sin solidez social. La falta de liderazgo partidista anuncia nuevas derrotas electorales.

Así, la derecha se convierte en ultraderecha, con sus cimientes radicales como El Yunque y los segmentos sociales más duros y nostálgicos de un feudalismo social acusan un reloj histórico atrasado.

El centro ideológico tiene que moverse más a la derecha para que la población pueda ubicarlos lo más lejos posible del poder y es lo que hace pensar que la Cuarta Transformación es un movimiento de izquierda.

La fantasía que intentó de generalizarse más allá del PRI, de sentirse herederos de una revolución sobre la que montaron un andamiaje histórico que ya no les funciona.

Su nostalgia basada en la obtención de privilegios también les impide darse cuenta que el país ya no resiste un régimen más asentado en supuestos hechos históricos que imponían sus gobiernos al mismo tiempo que los separaba de la realidad y de la gente.

Es decir, el PRI y el PAN tienen un común denominador: los mitos históricos. Entes que la historia oficial arrojó a la sociedad para manipularla como único referente de una historia inventada en el ejercicio del poder y no en la investigación ni la ciencia.

De ahí que la falta de solidez de los argumentos, de sus ideales, de sus estatutos, de sus propuestas se derrumbó como castillo de naipes, porque carecía de sustento con la realidad.

Es decir, PAN y PRI gobernaron con especulaciones políticas y supuestos históricos, de ahí que hubiera una total falta de asidero de la memoria, tanto en el momento de dar a conocer las razones de sus disposiciones de gobierno como a la hora de transformar o reformar las leyes, y de hacer justicia y aplicar la ley.

Los tres poderes de la unión se basaron en la mentira, gobernados y manipulados por un solo hombre, quien tomaba decisiones cuyos propósitos no sólo se desconocían sino que llegaban a convertirse en secretos de Estado. De ahí su decadencia irreversible.

La Cuarta Transformación, sin ubicarse en la izquierda todavía, arroja al extremo de la política a la oposición, como si el antagonismo intentara mover un poco el sube y baja del contrapeso político.

La derecha se une y probablemente deba aliarse electoralmente para combatir juntos a la Cuarta Transformación. Es la derecha la que se aleja del partido que ejerce el poder para poder señalarlo como progresista, populista, socialista, de izquierda o bien comunista y acercarlo, por lo menos en el discurso, de estar más cerca de Venezuela, Cuba, Nicaragua o Rusia que de su propia historia.

Pero como la historia de México fue tergiversada por los gobiernos de derecha, carece de asidero sólido en sus propuestas o críticas. De ahí su debilidad. No puede criticar nada de hoy sin pisarse la cola por hechos de ayer. Y eso no sólo es historia sino memoria.

La derecha no se mueve ni siquiera para convertirse de manera responsable en oposición; una vez que tengan conciencia de que no ejercen el poder puedan empezar a crear un contrapeso político real.

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