¿Estará preparada la militancia en Morena para la introspección?

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Con motivo del inminente proceso de renovación de consejeros y dirigencias de Morena en todo el país, surge la necesidad de hacer un breve recuento del presente y algunas reflexiones sobre el futuro deseado.

Por condición estatutaria ha sido emitida una convocatoria que les habrá de regular en ese camino democrático.

Morena es un partido-movimiento triunfador, ante eso debemos ser muy cautos en las sugerencias. Sin embargo, las imperfecciones son evidentes, existen, y por esto deberán ser revisadas, y en su caso,  modificadas.

Los mexicanos estamos gobernados por un sistema presidencialista cuyas características son –entre otras-  las siguientes:

  • El poder ejecutivo es unitario, está depositado en un presidente que es, al mismo tiempo, jefe de estado y jefe de gobierno.
  • El presidente es elegido por el PUEBLO y no por otro poder, lo cual le da independencia y legitimidad. Él elige a todo su gabinete y a sus colaboradores más cercanos. El sentido de esta facultad estriba en la necesidad de tener a un responsable central en el poder ejecutivo.

Morena para la elección y/o renovación de sus dirigencias optó por el sufragio indirecto o elección indirecta, sus liderazgos formales no son elegidos directamente por la militancia sino por 10 consejeros (5 hombres y 5 mujeres) por cada distrito federal electoral.

Cada estado cuenta con una cantidad distinta de distritos, ejemplo, Querétaro tiene 5 y por lo tanto los afiliados optan por 50 personas –consejeros- que a su vez escogerán a la presidencia del consejo, y después a quien presida el comité ejecutivo estatal y a cada una de las secretarías estatales. 

Si nos damos cuenta, quien resulte elegido presidente del comité ejecutivo estatal no tiene derecho a ubicar en cada cartera a los colaboradores de su preferencia de tal suerte que la responsabilidad en áreas termina por ser independiente.

El mismo “fenómeno” se presenta a nivel nacional, el CEN (Comité Ejecutivo Nacional) en su elección, estará a merced de los 3,000 consejeros que representen los 300 distritos federales electorales en que está dividido nuestro país y que se significan como un 1.5% del total del padrón.

Por lo anterior, podemos inferir que el método elegido no es representativo y es justo el clamor de las bases al querer participar en un proceso tan importante como delicado. La encuesta propuesta por el presidente López Obrador cobra relevancia en este momento.

Quiero insistir en el desafortunado método para elección de las distintas secretarías. Generalmente el grupo que logra elegir al presidente del CEE o el CEN, no le “quedan” consejeros para elegir al resto de las carteras, de  manera que se conforma un “equipo” tan heterogéneo que dificulta la integración pues todos invocarán que sus orígenes son distintos y no deben acatamiento a un presidente ajeno. Así es como surgen los “vacíos” o falta de quorum deliberado. 

Sugerencias:

  • Implantar el método de elección directa por parte de TODOS los militantes.
  • Los presidentes del CEE y CEN deberán tener la libertad de elegir entre la militancia específica a los responsables de cada una de las secretarías, que cuenten estrictamente con los perfiles que su actividad demande, y permita una conjunción inmediata que confluya en una administración exitosa.
  • 2018 nos enseñó muchas cosas, entre otras, que “no se puede chiflar y comer pinole”.  Los compañeros que sean elegidos como consejeros o miembros de un comité ejecutivo se deberán abstener de optar por candidaturas toda vez que esto nos llevaría una vez más a debilitar a un partido que demanda justamente lo contrario. 

Lo anterior, permitiría tener elecciones tersas, participativas y con comités fortalecidos. Morena lo requiere con urgencia.

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3 COMENTARIOS

  1. Como siempre claro en tu opinión y abierto a las ideas. Ojalá más gente en Morena pensara como tú.

  2. Usted tiene razón, si partimos de la premisa de que el ejecutivo estatal no podría seleccionar a sus secretarios, bueno entonces se le verá un grado mayor de dificultad para lograr consensos y uniformidad en los procesos de toma de decisiones que beneficien tanto al partido como a la comunidad donde estén establecidos.

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