¡El “macho” Camacho boliviano arrendatario del ejército y policías!

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Norman F Pearl

Las campañas políticas siempre deben ir dirigidas a un mercado específico, esta es una condición irrefutable. 

En gran parte del mundo, incluyendo América Latina, los grandes conglomerados están constituidos por ciudadanos inmersos en la desigualdad, la pobreza y el abandono conformando mayorías. Por lo tanto, las ofertas de los candidatos no pueden prescindir de quimeras populistas que “enriquezcan a las familias”.

Todos los candidatos presidenciales en México, al margen de su signo o “marca”, ofrecieron el mismo discurso conmovedor y una vez instalados en el  poder… lo olvidaron.

El presidente López Obrador no fue la excepción en sus proclamas, priorizaba siempre a los pobres del país, no sólo porque representaban a más del 60% del electorado. Destacaba la necesidad de satisfacer una deuda histórica que todos habían ignorado.

Su primer año de gobierno ha cumplido con creces en ese ánimo a través de los programas para el bienestar, aumento en los salarios, baja inflación y demás índices que favorecen la capacidad de consumo y confort creciente en la población. La enorme popularidad del Presidente se desprende del cumplimiento puntual en sus compromisos.

Ante el pragmatismo y politización de nuestra población, ya no es suficiente que un candidato hable o sea bonito, tenga carisma o simpatía, o provenga de una rancia aristocracia.

Bolivia en 2005 disputaba los últimos lugares de pobreza con Haití y otros estados. En 2019 ya se encontraba entre los países con mayor crecimiento y desarrollo social de América Latina. La “casualidad” se llama Evo Morales, un líder indígena que interpretó como nadie los deseos y necesidades de sus habitantes, en especial, de los pueblos originarios que significan el 60% de la población. El insólito éxito de Evo ante sus compatriotas le valió un reclamo popular para que siguiera en la presidencia. 

Pero el “destino” de Bolivia estaba marcado. Los gobiernos de Brasil, Colombia y otros títeres imperiales daban su apoyo para desestabilizar al gobierno boliviano y descarrilar sus logros a través de liderazgos “cívicos” en Santa Cruz y Potosí.

Primero buscaron balcanizar a estas ricas regiones de Bolivia. Al no lograrlo, quisieron asesinar al presidente. Por último crearon una inconformidad mediática ante un eventual fraude electoral por parte de Morales. La OEA (peón norteamericano) sugirió se repitieran las elecciones ante inconformidades de la oligarquía boliviana. Evo aceptó repetirlas, y en ese entorno surgió el golpe de estado militar.

Previo al proceso, irrumpe la figura de un opositor de Santa Cruz, se trata de Luis Fernando Camacho Vaca, apodado el “macho”, un violento e irascible sujeto confesional ultraderechista, “educado” en la “Unión juvenil Cruceñista”, una especie de grupo paramilitar.

Camacho proviene de una familia acaudalada que había formado su riqueza a partir de las cuantiosas reservas de gas boliviano que más tarde serían nacionalizadas por el gobierno de Evo Morales. Luis Fernando fue intermediario para ayudar a personas y empresas a esconder sus fortunas en entidades offshore, lavar dinero y establecer esquemas de evasión de impuestos. 

El “Bolsonaro” de Bolivia, apareció hace unos días en un video aceptando cínicamente que su papá, José Luis Camacho Parada, pactó con el actual ministro de la defensa, Fernando López, el uso de la policía y el ejército para que él (Luis Fernando) coordinara las protestas forzando la salida de Morales del poder. Esto nos sugiere la fragilidad democrática en que se encontraba aquella nación hermana.

Ahora, “el salvador de la nación”, se abroga el derecho de ser candidato a la presidencia en compañía de Marco Pumani, como vicepresidente, toda vez que ambos fueron los líderes de las protestas “ciudadanas” huecas, representando a la supremacía blanca y su Ku Klux Klan  boliviano.

Si los indígenas y mestizos bolivianos que en conjunto ascienden al 90% de la población se mantienen unidos, nadie podría ganarles en un proceso democrático justo.

“Los pobres que votan por la derecha, son como los perros: cuidan la mansión pero duermen afuera” (John William Cooke)

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