El contagio de la crisis

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Reiteradamente se escucha a la derecha asegurar que el gobierno actual está en crisis, que el partido en el poder está en crisis, incluso que la izquierda está en crisis.

Cuando en realidad estas instancias sólo son parte del panorama político del país, escenario que descuidan los conservadores intentando centrar las críticas de un todo a sólo una parte del universo político.

Si el partido en el poder está en crisis, debe imaginarse que la oposición está peor, sobre todo si se toma en cuenta que el capital político del actual gobierno no sólo se ha mantenido sino que ha crecido durante poco más de un año de gobierno.

Crisis en el poder no existe porque camina y lo reconocen países poderosos que probablemente nunca se pensó apoyarían un régimen progresista en México.

Crisis en la izquierda cuando en América Latina crece la identificación de la población con los gobiernos progresistas, tampoco puede tomarse en serio.

Crisis en el partido no es la palabra adecuada porque en realidad cualquier partido entra a una crisis severa cuando pierden elecciones y no cuando se prepara para llevarlas a cabo.

En esto podríamos afirmar que es la oposición y sus partidos los que están en crisis.

Pero no se trata de colocar la palabra crisis en la contraparte sin que esa crisis implique parte de una derrota propia discreta, pero derrota al fin y al cabo, porque de lo que se trata es de salvar la democracia que va a consolidar cualquier partido y todo gobierno.

Se abusa de la palabra crisis cuando en realidad debe lucharse juntos para superarla. La crisis es de todos, en una verdadera democracia.

La oposición en crisis crea un desequilibrio democrático cuyos líderes no han podido concretar.

Si tomamos en cuenta los liderazgos de los dos partidos políticos más importantes de la oposición, el PRI y el PAN, encontramos que en ambos casos sus dirigentes nacionales están prendidos de alfileres en ese cargo y que sólo luchan por mantenerse y no por impulsar a su fuerza política.

Esta fragilidad de los liderazgos en la oposición obliga a que fuerzas extrapolíticas se acomidan a fortalecer lo que dentro del ámbito de la política no pueden lograr esos líderes.

De ahí que en el caso del PAN sea la ultraderecha, el sector duro, el Yunque, los herederos de los cristeros más radicales, etc. Al PRI lo apoyan más que fuerzas vivas los recuerdos de lo que pudo haber sido y no fue.

Hace falta una oposición sólida que exista como tal dentro de un proyecto de nación común donde se luche por el poder con transparencia y no con declaraciones imprecisas que caen en la tergiversación de la realidad.

Porque la oposición recurre a la falsedad ante la carencia de argumentos sólidos para criticar y esto produce una crisis fuerte en la oposición, sin dejar de afectar al gobierno.

Según el Teorema de Bayes, hasta la mentira perjudica al aludido y esto generaliza una crisis que inicia un artificio informativo proveniente de la oposición, con lo que ésta se hunde más sin dejar de desgastar al gobierno.

La gravedad se generaliza al impulsar una crisis artificial que termina por tener efectos reales y los principales  afectados son quienes desde el aparente anonimato descubren su verdadero rostro.

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