El avión y los libros

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Desde que el PAN inició sus actividades, incluso antes de convertirse en partido político trató inútilmente de evitar el avance de México, pero, sobre todo, de apoyar las causas populares.

Hace 60 años cuando inició el reparto de los libros de texto gratuitos entre los niños, cuando era secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, los panistas, siempre en guerra contra la historia, enviaron a sus militantes a recabar firmas en las ciudades más importantes del país, lo mismo en Salamanca que en Monterrey, en Torreón, que en Guadalajara, para evitar que esos libros fueran repartidos entre los niños mexicanos porque, aseguraban, contenía ideas comunistas.

La guerra contra el conocimiento, la historia, el pensamiento, la población no es nuevo en el PAN.

Grupos de mujeres, con más tiempo libre que inteligencia, se dieron a la tarea de buscar firmar casa por casa por esas ciudades con el objetivo de detener su distribución, la mayoría de esas mujeres no tenía hijos. Eran personas tan apegadas a la Iglesia que ni siquiera se dieron oportunidad de casarse.

El esfuerzo para la administración pública, encabezada por Adolfo López Mateos fue enorme; sin embargo, el PAN, como ahora sucede, cuestionaba los avances de una escolaridad más completa y de mayor calidad.

Ahora se reparten poco más de 200 millones de libros entre los niños mexicanos, impresión y edición que anteriormente arrojaba grandes ganancias a los funcionarios públicos, familiares y amigos.

A partir de ese momento el PAN dejó de cuestionar la existencia de esos textos. Tenían privilegios por cobrar y el contenido, comunista o no, dejó de interesarles. Los empresarios de la época, muchos de ellos afiliados a ese partido, empezaron a encontrarle un valor monetario a los libros de texto gratuito.

Hubo un intento por regalar libros a los niños de primaria, en el periodo de Lázaro Cárdenas, pero la economía de México no estaba para esos esfuerzos y el significado comunista que quiso la derecha endilgarle al Tata, impidió que se continuara con la repartición.

El PAN no ha cambiado en 60 años, sigue siendo el que critica, pero no propone, el que descalifica, pero nunca acierta, el que intenta desgastar, pero no logra consolidarse si siquiera al interior.

La nueva consigan del PAN es el avión presidencial, cuando en realidad sólo pudo haberlo comprado un tonto, alguien que pensó eternizarse en el poder para disfrutarlo, y ese fue el presidente de su partido Felipe Calderón Hinojosa, sólo alguien que vive bajo los efectos de alguna sustancia tóxica puede cerrar un trato de esa magnitud.

Pero son ahora los panistas que critican todo lo que tiene que ver con un avión que solicitó un presidente que se creyó faraón, y que consideró sería recordado por un pueblo que ahora lo rechaza.

El avión fue adquirido por Calderón no por López Obrador. Ahí está la gran diferencia que descalifica cualquier crítica que sobre el tema se difunda entre los panistas que aparecieran una especie en extinción.

Ahora vemos un PAN viejo, vencido en las urnas, sin liderazgo, pobre en más de un sentido y sin propuesta válida para seguir existiendo como partido político.

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