El avión y el aeropuerto

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Mientras más tarda en venderse el avión que adquirió Felipe Calderón y que recibió Peña Nieto, más se hace evidente que se trata de un avión que no sirve para nada. Fue un capricho que costó a los mexicanos mucho dinero. Sin embargo, ahora quieren responsabilizar a  la actual administración de no poder deshacerse de él aunque sea en venta de garage.

Los aviones se venden así. Y quienes lo critican lo saben, pero el caso es desgastar.

La venta del avión presidencial, algo que no forma parte de los compromisos de campaña, no cambia la historia del país, pero es una muestra de cómo la actual crítica intenta convertirse en disidencia a través de ese asunto.

Se trata de un ejemplo claro de una insustancial decisión del actual gobierno que acarrea tantas críticas como si se tratara de algo realmente importante. La decisión de venderlo fue criticada, la colocación en el mercado en Estados Unidos fue criticada, la tardanza en la venta se cuestionó también, pero nadie fue capaz de criticar su compra, que es el origen de  la actual situación de la aeronave.

Es decir, el cambio de aeropuerto así como la venta del avión presidencial, decisiones tomadas porque claramente había actos de corrupción de los gobiernos anterior, hacen que la disidencia individualizada tenga un pretexto para tratar de desgastar a la actual administración.

El cambio de aeropuerto y el avión presidencial son los temas que más críticas han acumulado contra la actual administración.

En México sólo el 31 por ciento ha viajado en avión, la cuarta parte de ellos lo hace una o dos veces en su vida. Es decir, a pesar de la intermitente crítica sobre esos temas, sólo afecta a menos de una tercera parte de la población, por lo que esos argumentos no pueden ser una prioridad de ningún gobierno, en las circunstancias en las que se encuentra nuestro país.

La crítica a la actual administración se ubica y desarrolla en una tercera parte de la población que exige atención como si fuera mayoría. Sus exigencias se convierten en banderas baladíes ante las vitales necesidades insatisfechas de las otras dos terceras partes de la población.

Es una clase media que al defender el aeropuerto en Texcoco le garantiza un estatus diferente al del resto que es pobre o muy pobre. Su postura precisa el lugar que ocupan los que critican, que no es la de la mayoría y en ello radica su importancia.

Es un segmento de la población que cuenta con los recursos económicos suficientes como para hacer escuchar su voz cuando ellos quieren y hacer de sus inquietudes necesidades. Un grupo individualizado que no sabe sumarse ni organizarse para conformar grupos y organizarse; para ellos la organización social es propia de quienes se funden o confunden en la masa que puede llevar a buen puerto una necesidad o protesta real. Ellos no necesitan nada, sólo protestan.

Lo cierto es que estar en contra de la actual administración otorga estatus, es como estrenar coche del año.

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