Disidencia liberal o visceral

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A los disidentes de ocasión ahora les afecta lo que nunca les había afectado. Un ejemplo es su desbordada preocupación porque el avión -que contrató Felipe Calderón y que utilizó Peña Nieto- no se venda, cuando nunca les llamó la atención su compra ni su uso ni su costo.

Los disidentes espontáneos comparan al gobierno actual con un esquema ideal, individual, y en el mejor de los casos, grupal o partidista, pero son incapaces de compararlo con el pasado inmediato o con el de hace varios años, o con el de décadas atrás. 

Es decir, el contraste se sitúa en la rancia individualidad y quieren que el gobierno actúe en lo inmediato, porque lo que tienen a tres metros a su alrededor, todavía no se arregla.

Para ellos debe ser una prioridad la solución de sus problemas, aunque se trate de un problema de pocos, a veces, de muy pocos. Aunque se trate de la restauración de viejos privilegios.

Les afecta lo que nunca les había afectado, ahora les preocupa que el avión que contrató Felipe Calderón y que utilizó Peña Nieto no se venda, cuando nunca les llamó la atención su compra ni su uso.

Este ejemplo es un esquema que se repite en cada crítica, dejando sin sustancia sus cuestionamiento y desarticulando una oposición que pudo ser seria y responsable.

Pero se busca la denuncia de lo inmediato, lo visceral de preferencia, lo que mueva a rechazo pronto, pero no lo que motive reflexión.

A pesar de esto algunos se van con la finta y hasta se atreven a asegurar que la decadencia de la Cuarta Transformación está cerca, que la conformidad social crece y que seguramente no estarán muchos años en el poder, incluso, señalan en su delirante desinformación, que Morena no termina el sexenio. Confunden el deseo con la fantasía y hacen pronóstico con el remoto objetivo de deteriorar.

Lo cierto es que las críticas se fundamentan en detalles que nunca fueron advertidos por la población y que a veces algunos medios insisten en que son prioridades. Lo del aeropuerto, el cero crecimiento cuando se llega con las finanzas quebradas por los excesos, la inseguridad que se sembró por años, etc.

Son problemas en los que se debe reflexionar a fondo, no pueden motivar reacción inmediata porque acusan ingenuidad y desinformación, que fueron los insumos de los gobiernos anteriores para poder manipular con mayor eficacia a quienes ahora no entienden la realidad y protestan por algo que no les afecta y es así porque nunca se interesaron en las acciones de gobiernos, porque éstas estaban tan alejas de su realidad próxima que de nada servía conocerlas y menos aún aprobarlas o cuestionarlas.

Pero sin duda están ahí quienes quieren vivir en la fantasía de que todo está bien, que no hay problema. Que todavía hay futuro para quienes vivían más intensamente en la nostalgia del pasado que en la superficialidad de una realidad presente.

El actual gobierno les ha sacudido el letargo a quienes consideraban que era normal la desigualdad y los privilegios de una clase dorada contra la cual nunca lucharon porque siempre aspiraron a pertenecer a ella.

Todos los que pelean ahora por problemas que nunca advirtieron que existían, los que compartían un régimen de privilegios también pelean por no reconocer que fueron engañados por un régimen que su confort les extravío la realidad con la que ahora chocan y rechazan, cuando en realidad contra lo que debe pelear, a muerte, es contra la ingenuidad propia y ajena.

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