Diez años sin Mercedes Sosa, la voz mágica que conquistó el mundo

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Por Susana Ceballos y Pablo Andisco

Como esos guiños que se guarda el destino para ocasiones especiales, Mercedes Sosa nació el Día de la Patria, el 9 de julio de 1935, a pocos metros de donde en 1816 se declaraba la independencia.

Haydée Mercedes, como la llamaron creció en un hogar humilde de Barrio Parque, en San Miguel de Tucumán, hija de Ernesto “Tucho” Sosa, de oficio zafrero y Ema del Carmen Girón, lavandera.

Su madre quería llamarla Marta, y eso habían acordado, pero su padre eligió el Mercedes que solo iba a utilizar en el ambiente artístico. Puertas adentro de la familia Sosa, siempre fue la Marta. Para el mundo entero, simplemente fue “la Negra”.

De chica se interesó por la danza y el canto y los actos escolares fueron sus primeros escenarios. En su alma crecía un fuego que no podía detener. Quería ser cantante, como su admirada Margarita Palacios, pero no era un oficio bien visto por su padre. Un día de 1950 los planetas se alinearon.

En la escuela había faltado la profesora de canto y la directora la puso al frente de un acto para interpretar el Himno Nacional Argentino. Los aplausos le dieron coraje para ir por más. Había un concurso de nuevos talentos en la radio, y aprovechando una hora libre, Mercedes se mandó con sus compañeras hasta los estudios de LV12.

Improvisó un seudónimo, Gladys Osorio, para que su padre no se entere, e interpretó “Triste estoy”, de su admirada Margarita. Cuando terminó de cantar, se terminó también el concurso.

Gladys Osorio siguió presentándose en la radio hasta que su padre la descubrió. “¿Esa que está cantando no es la Marta?”, le preguntó a su esposa, que cómplice, ya sabía el secreto. Hubo una reprimenda, un reto, pero nada la detendría y empezó a transitar los escenarios. Donde había una oportunidad allá iba ella, como artista de pueblo, “con la ropa enlodada y el alma repleta de amor” citando a su amigo y colega Milton Nascimento.

Combinaba las actuaciones con clases de folklore en las escuelas, y así ganó sus primeros pesos para ayudar en la casa. Y estaba enamorada, con fecha de casamiento y todo, con Enrique, un joven apuesto y de buen pasar. A los padres no le gustaba el ambiente artístico, preferían otro futuro para su Marta, lejos de esa bohemia asociada a la noche, la bebida, los excesos. Pero la Negra redobló la apuesta.

En una peña conoció a Oscar Matus, un músico mendocino, con ideas avanzadas para la época. “Un hombre pobre, autor de las canciones más hermosas que podía cantar”, sintetizó Mercedes su elección. Suspendió la boda, dejó Tucumán y se fue a Mendoza, dispuesta a cambiar el mundo.

Publicación original y completa de Infobae

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