¿Derecha o populismo?

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Más allá de las palabras y sus convencionales significados, de sus connotaciones bien o mal intencionadas, los hechos recapitulan conceptos y dan nuevo valor a los vocablos, sobre todo en política.

El lenguaje político es como los salmos de una Biblia manipulada de acuerdo a los intereses del más poderoso. Pero también es hijo de la práctica cotidiana, que surge del discurso del poder.

El discurso del poder se asemeja a una religión, puede que el Dios que veneran exista o no, lo que existe es ese gran número de creyentes que le dan vida al camino de la deidad. Existe porque hay millones que creen que existe, aunque no exista.

Así el discurso político se monta en la historia para darle un nuevo significado a las palabras.

El discurso exige una interpretación independiente a los hechos de gobierno, las acciones del poder, son distantes y distintas a las propuestas del poder.

El término populismo, por ejemplo, ha dado tantos bandazos en su definición que ha oscilado desde la derecha a la izquierda con todo y sus radicalismos. Fue una corriente política en un principio hasta convertirse en un insulto, pasando por ser un eufemismo. Ahora simplemente se acomoda y toma su nivel en la práctica de algunos gobiernos del mundo teniendo en América Latina, un lugar especial.

Las palabras toman su lugar en los hechos, sobre todo los vocablos políticos que convocan o representan una acción, de ahí que haya palabras que se interpretan de acuerdo a la ideología del intérprete, pero no en la armonía con su significado.

Las palabras de Winston Churchill, del Partido Conservador, enfrentaban al fascismo constantemente; cuando derecha y fascismo estaban lejos. Ahora, casi llegan a ser sinónimos 

De manera paralela a la mutación del significado de las palabras está el avance de la democracia en América Latina, con una mayor consistencia y velocidad de lo esperado y rebasando cualquier proyecto similar en otras latitudes.

Así como en México, el partido que era sinónimo constante de fraude electoral está fuera de cualquier competencia en las urnas. Su fraudulenta actuación lo descalifica y lo coloca en el pasado. La conciencia sobre la visión real de las cosas en el país cada día está más clara.

Ante esta realidad y las nada sorpresivas andanadas de la derecha que retoman la vieja estrategia del Golpe de Estado para lograr  llegar al poder la disputa de las palabras llega al campo de batalla el enfrentamiento que el presente designa como contendiente son las palabras derecha y populismo.

La primera conectada, –por la desesperación de la derrota progresiva en todos los ámbitos–, con el fascismo; la otra palabra, populismo, conectada, a pesar de ellos, con la democracia creciente, una democracia inédita, que debe conocerse, interpretarse, leerse con sumo cuidado.

Es decir, derecha y populismo se enfrentan después de siglos de ser enemigos y enseñarse la lengua y amenazarse unos a otros cuando están en el poder.

Llegó la hora de pelear en las urnas, de debatir con seriedad, de discutir con argumentos y no con mentiras. La política en ningún momento puede ser un juego de mesa ni dejar su devenir al azahar. Los tiempos exigen seriedad y la crisis mundial obliga a adoptar con responsabilidad la historia.

Las palabras se enfrentan como símbolos luego de muchos siglos de ser significados, conceptos y definiciones. La definición de las palabras las dan los hechos, y esos, están presentes en la práctica política de Latinoamérica desde hace tiempo, pero nadie quiere reconocerlo.

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