¡Del gran Marcelo Quiroga Santa Cruz, al enorme Evo Morales Ayma!

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Los triunfos populares no son fáciles, espontáneos o gratuitos, resultan siempre de luchas incansables y propositivas con altos costos en vidas humanas que a los más débiles inhibirían. Invariablemente enfrentan a gobiernos que ostentan un poder económico ilegítimo y aparatos represivos que les dan una indigna viabilidad temporal pues no compiten en igualdad de circunstancias  porque saben serán rebasados por la razón y la justicia.

El presidente López Obrador repetiría en su toma de posesión el 1º. De Diciembre de 2018:

“Este triunfo no es de ahora, viene de lejos”, y eso, coincide con todos los movimientos sociales que han derrumbado a sus opresores.

Bolivia no es la excepción, muchos han sido sus hombres y mujeres que han sacrificado todo en beneficio de los demás, la historia y las memorias los recuerdan con gratitud.

La esencia del neoliberalismo es el statu quo, las minorías privilegiadas apuestan a que todo siga igual, siendo el egoísmo su premisa básica.

Marcelo Quiroga Santa Cruz, uno de los hombres más brillantes que haya parido Bolivia, nació en una cuna amable tersa y rica, sin embargo, pronto encontró un sentido distinto a la vida y se involucró en la defensa de los desposeídos. Periodista, escritor y político, puso con pasión  sus talentos al servicio de su patria. Siendo un extraordinario orador y parlamentario, desde la tribuna trazaba los ejes de su pensamiento político: la defensa de los intereses de las clases populares y de los recursos naturales como propiedad del pueblo boliviano. En congruencia con sus ideas, fue parte fundamental en la primera nacionalización del petróleo.

Marcelo, socialista irredento, sufrió persecuciones, cárcel y destierros pero siempre regresó para contribuir con las causas justas. En Julio de 1980, era acallada aquella voz fuerte, educada y anhelante, al ser asesinado por un grupo paramilitar enviado expresamente para quitarle la vida. Nunca fue encontrado su cuerpo.

Su esposa diría en aquellos momentos aciagos: “Todo el poder del Estado, respaldado por tanques y metralletas teme a un muerto”. Alguien más haría una sensible reflexión: “La tumba deshabitada de Marcelo Quiroga Santa Cruz, es una herida abierta en la conciencia de los bolivianos.

Siempre he pensado que la soledad y un entorno apacible son imprescindibles para una meditación sana y objetiva, y tal parece que el pastoreo de animales ofrece estas condiciones. Benito Juárez, pastor infantil de ovejas, se distinguió por ser el mejor y más creativo presidente de México.

Hace 60 años, nace en Oruro, Bolivia, otro de nuestros indígenas de excepción, Evo Morales, quien también fuera pastor, en su caso, de llamas.

El notorio liderazgo y tenacidad extrema, catapultaron a Evo de las dirigencias cocaleras, al Congreso y después a la constitución del MAS (Movimiento al Socialismo). El 18 de Diciembre de 2005, ese pueblo sudamericano que disputaba los últimos lugares en pobreza, decidió apoyar mayoritariamente los programas que combatían el neoliberalismo y a un imperialismo injerencista que en complicidad con los bolivianos apátridas saqueaban los bienes de la nación.

Nunca resultará ocioso ponderar los impresionantes logros que ha tenido Evo en sus casi 14 años al frente del gobierno:

El PIB pasó de 11 mil a 40 mil millones de dólares. La pobreza establecida en 60%, antes de su gestión, disminuyó al 34%. La pobreza extrema bajó del 38% al 15%. El desempleo se redujo del 8.1% al 4.2%. El analfabetismo que estaba en el 15% bajo al 3%. La expectativa de vida pasó 65 a 70 años. Y, el aumento esperado por todos sus habitantes al salario mínimo fue de 60 a 310 dólares mensuales. Si estos exitosos números no conmueven a todos los bolivianos, debemos pensar que esa porción de la sociedad está enferma.

El reciente golpe de Estado (10/11/19) en Bolivia, orquestado por la “bestia del norte” y la complicidad incondicional de militares y oligarquía, será –espero- un pequeño impasse en el desarrollo del país, ante un mundo expectante por la reinstalación de la democracia y sus legítimos gobernantes.

¡Evo regresará a su tierra con la encomienda de terminar su obra!

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