Campaña o información | José García Sánchez

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Quienes aseguran que la tendencia hacia la continuidad de la campaña del proselitismo seguirá imperando hasta final de sexenio, quieren ocultar la violencia tras el discurso agresivo de la oposición y uno que otro autodenominado líder de opinión.

Existe una campaña de desprestigio contra la administración pública que espera se baje
la guardia para tener despejado el camino de la especulación y las mentiras reiteradas
que intentan convertirse en verdad. Porque hay tantos enemigos de las conferencias
de prensa de la mañana como frentes contra la administración pública actual.

La oposición no logra unificarse, los intereses de esos grupos no identifican su estrategia por la carencia de líderes, quienes no logran encajar en la vaga idea de una oposición,
que basa sus argumentos en la desinformación de manera voluntaria o involuntaria.
Porque estar mal informado en México se ha convertido en una opción social, donde
el ciudadano puede escoger el medio, la tendencia, el objetivo, la intención, etc.

Hay una nube de desinformación que si bien carece de lógica es escogida por algunos
como cierta, a pesar de que proviene de medios poco confiables; a pesar de ello se elige creer en lo que nadie cree y adoptar por real lo que el rumor difunde impunemente.

La intención es darle el nombre de campaña de proselitismo a la comunicación que emana del gobierno federal. Una vez que consideren que la gente se convenció de que la información oficial no es más que campaña en busca del voto, afectar su estructura y congruencia. Es decir, la información emanada del gobierno está montada en un esquema sistematizado, metodológico, ese es el problema que ven como un gran peligro los enemigos del régimen, de ahí que ante la imposibilidad de entender este entretejido,
le llaman campaña y en esa aparente figura, lo cuestionan como tal.

A partir de designar la información oficial como campaña, se intenta desacreditar la difusión de las ideas, los proyectos, las decisiones, las disposiciones del gobierno para desarticular, a través de la información, la imagen de la actual administración pública.

Esta imagen está respaldada por el Presidente de la República, de ahí su solidez. Y es por ello que para la creación de una oposición organizada es necesario desarticular el aparato de comunicación de la Presidencia, que no sólo se remite al Presidente sino que contiene una serie de factores que propician la popularidad del Presidente. Éste tiene en su estilo personal de comunicar, su mayor ataque y también su mayor defensa.

La mejor defensa es el ataque, de ahí que la oposición disgregada en sus malas intenciones y basada en la diversidad irreconciliable de sus intereses, prefiera cuestionar con mentiras lo que cada mañana señala el Presidente. Los cuestionamientos hacia los datos del Jefe del Ejecutivo son más que los desaciertos que ha tenido al respecto.

La oposición está dividida, no encuentra el engrane que pueda echar a andar una verdadera maquinaria política que pueda competir fuera o dentro de las jornadas electorales con el gobierno morenista.

Hay muchos enemigos del actual régimen, no logran ponerse  acuerdo para marchar juntos los domingos ni pueden crear agendas con objetivos comunes, el individualismo de quienes integran esos grupos se muestra tan descarnado como siempre fue, pero esta vez deja ver sus entrañas.

Ante este panorama la estrategia de información del gobierno federal, de la cual la conferencia mañanera forma parte, es el enemigo a vencer, porque ha servido de dique de contención a la infiltración de las especulaciones, mentiras, rumores y todas las herramientas que hasta la fecha han mostrado como utensilios de derrocamiento.

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