Bolivia sin gobierno

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México es el enemigo a vencer del gobierno de facto de Bolivia, no hay duda. En América Latina los golpes de Estados son cada vez más efímeros, duran menos que antes y esto se debe a la conciencia de la gente que entiende que ya no puede manipularse, con una palabra, la parte de la historia que crea equilibrios o por lo menos los intenta establecer.

La improvisación de los actuales golpistas de Bolivia, denotan no sólo desconocimiento de sus respectivas tareas sino un radicalismo que les resta fuerza dentro y fuera de sus fronteras con sus congéneres de la derecha.

Sus posturas extremas hacen evidente que desconocen las leyes de dentro y de fuera de su territorio y olvidan que a pesar de que defienden esa globalización que intentó montarse en el liberalismo, creen que están aislados del resto del mundo. No saben que hay más países en el planeta además de Estados Unidos ni más organizaciones internacionales que la OEA, por eso ahora comparecerán ante la Corte de La Haya.

Los extremos de la derecha se fusionaban con el fascismo, esto lo muestra la historia en repetidas ocasiones; algo más que demuestra la historia de nuestros pueblos es que la palabra populismo no degenera en los hechos en autoritarismo sino en democracia, pero lo que han hecho desde la Casa Blanca, es que eso no se demuestre, de ahí que todo gobierno electo democráticamente sea ahora el gran peligro de los intereses del vecino país del norte.

Bolivia no debe tomar como centro de sus ataques, tiene situaciones similares que debe corregir de inmediato, y en lugar de erradicar viejas prácticas sigue fomentando la corrupción en tareas como la información.

Hoy por hoy podemos apreciar que los diarios más importantes de ese país, arremeten contra México por orden de los cabecillas del gobierno de facto. Basta darle una mirada a las primeras páginas de La Razón, Cambio, El Diario, Página Siete, para ver que se han convertido, de inmediato, en voceros  de los golpistas.

Una democracia requiere de una prensa fuerte, autónoma, que no dependa económicamente de los dineros del gobierno, porque termina perdiendo credibilidad y sin credibilidad no hay venta de periódicos y si no hay nadie que los lea, nadie va a querer anunciarse en ellos, y entonces de nada sirven.

Así los medios son parte de toda democracia digna de llamarse así. No hay democracia con periodistas con salarios bajos pero con propinas altas, donde lo que necesitan es un espacio para hablar bien de quien está en el poder a cambio de cantidades muy superiores a las que les otorga el pequeño salario.

La inmediatez con la que asimiló la prensa boliviana el golpe de estado debe llamar la atención y preocupar a  todos y cada uno de los bolivianos. No es un problema menor ni una circunstancia aislada, es un problema grave, y un delito grave su vocación hacia la mentira y su información de trinchera con más consignas que verdades.

Las calles ocupadas por los bolivianos dan cuenta de la poca credibilidad de sus habitantes en esos diarios. El radicalismo de los actores del golpe, diluyen sus propuestas y fortalecen a sus enemigos.

Lo sucedido en la embajada de México en La Paz, sólo habla de miedo, terror a no ser reconocidos legalmente, a no existir a desparecer del mapa en cualquier momento.

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