Ángeles Mastretta: Los caminos de la vida narrativa

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La escritora Ángeles Mastretta cumple siete décadas de vida el próximo miércoles 9 de octubre. Para celebrar su aniversario, el reconocido crítico literario Vicente Francisco Torres nos ha entregado un ensayo sobre los tres libros de mayor resonancia de la autora poblana.

Por Vicente Francisco Torres

Ángeles Mastretta (Puebla, 1949) encarna, con todas sus complejidades, el caso de la escritora mexicana de fines del siglo XX. Las dos últimas décadas del siglo XX vieron la moda de las autoras, misma que propiciaron la mercadotecnia, el florecimiento de un sinfín de grupos de estudios de género, decenas de congresos dedicados a la literatura escrita por mujeres, el nacimiento de un vasto grupo lector femenino, los volúmenes armados exclusivamente con materiales de escritoras y, sobre todo, la calidad de unas cuantas estrellas, como Ángeles Mastretta, por supuesto.

Según mi muy particular apreciación, creo que el fenómeno ha sido más comercial que artístico ―hecho que no es exclusivo de la literatura escrita por mujeres, sino de la literatura en general―, como podemos ver en los casos de Laura Esquivel y Zoe Valdés. Mientras la cubana ofende al lector cuando le dice que una mujer arrojó en un aborto el diamante que había tragado un mes antes (La hija del embajador), la mexicana, sin advertencia alguna, en la segunda página de su exitosa novela Como agua para chocolate nos quiere ver la cara de tontos y aparece con un golpe de varita mágica varios costales de sal después que una mujer ha llorado amargamente.

Tres cartas

Veamos cuáles son los valores literarios que apartan a Mastretta de las autoras catapultadas por los contadores y la publicidad.

Desde Arráncame la vida (1985), Mastretta puso sobre el tapete tres cartas fuertes: un estilo, una temática y el papel protagónico de las mujeres que tantas lectoras le dio.

La noción de estilo, aunque parezca un anacronismo, no lo es si recordamos que él es la marca de todo trabajo creativo de calidad y lo hace diferente del de otros autores pero, sobre todo, del de sus contemporáneos. El estilo es también la calidad de elaboración del lenguaje con que la autora construye su mundo.

El estilo de Mastretta está dado por la voz de una mujer que cuenta siempre con gracia, y gracia no significa aquí frivolidad, sino la capacidad alada para seducir al lector, para que sus historias sean como un canto de sirenas que uno escucha plácidamente a sabiendas de que no podrá escapar fácilmente de los efectos hipnóticos.

Esa voz tocada por la gracia, que no construye un párrafo sin producir efecto en el lector, será capaz de lograr una amplia gama de efectos que van desde el humor hasta la indignación, pasando por la ternura, la cursilería y el desenfado.

Si tenemos presente que el trabajo de Mastretta, por el tiempo en que ubica sus ficciones, se asocia al de Mariano Azuela y al de Martín Luis Guzmán, veremos que la palabra gracia la define muy bien al contraponer su estilo ligero al mayestático de las novelas del ciclo de la revolución.

Íntimamente ligado con la gracia, encontramos el desenfado, que podemos observar cuando Catalina, antes del parto, durante tres meses, engaña al marido con un adolescente repartidor de leche. Esto nos lleva a un rasgo fundamental de la literatura de Mastretta: en lugar de la moralina, plantea una manera sencilla y natural de asumir el placer de los sentidos.

Con información de la Agencia Notimex

https://twitter.com/P_Regeneracion/status/1180605954972368898
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