Adiós a los partidos

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La creación de nuevas agrupaciones políticas conformadas por seres que han recibido reveses hasta de los medios dóciles con los inconformes, empuja al sistema de partidos a su agonía.

No hay alternativas nuevas en esos grupos sino reediciones de viejas ideas renovadas por un discurso que acusa anacronismo, con olor a rancio. Ni siquiera inventan colores, las siglas se parecen una a otras, las caras son las mismas de quienes nostálgicos quieren alcanzar lo que pudo haber sido, no fue y nunca será.

Los partidos son instituciones de interés público, siempre y cuando representen los intereses de la sociedad, pero vemos que el membrete de Futura sólo representa a sí mismos, son integrantes huérfanos de diferentes camarillas; Libre, se erige como batallón de Margarita y Felipe; Redes Sociales Progresistas, es el equipo político de Elba Esther, el PES, representa a los evangelistas. Pero todos ellos carecen de una sola propuesta nueva, por lo menos original.

No hay conexión con la realidad, no se funden y confunden con la población. No hay partido político que una vez en el poder se asocie con los empresarios, con el pretexto de la inclusión y alejar el viejo fantasma, creado por Estados Unidos desde hace casi un siglo, del comunismo.

Los fantasmas también envejecen, sobre todo los que se crearon para asustar en las noches oscuras de las crisis económicas a los débiles de conciencia, y cualquier idea que viaje por el viento efímero de los medios, los desestabiliza.

Las leyes de México se consolidaron en el capitalismo, se crearon en la desesperación por salir del cacicazgo casi feudal del campo. Es decir, México es capitalista no sólo por la influencia de los vecinos sino porque era lo que más a la mano tenía para darle continuidad a la productividad, a la inversión, a la educación, a la política. Es decir, debía haber un cambio que no podía se radical, había que pagar facturas luego de la Revolución que implicaban un retroceso, como sucede con muchas de las revoluciones en América Latina. Ese retroceso pareciera llegar fortalecido a su regreso.

Así, los partidos deben tener dos capas de mando, su cúpula, CEN o como quiera que se llame, y los demás. Mientras esta división de clases, privilegios, decisiones siga caminando por ese camino el sistema de partidos comenzará un camino constante hacia el rechazo.

Al partido en el poder lo salva un liderazgo inédito en la historia de México; sin embargo, en el partido también es necesario un liderazgo que sostenga esa dinámica que tenga dos acciones políticas paralelas, el ejercicio del poder y la preservación de un carisma que irrumpió en la historia política del país. Con esto, el partido en el poder exige de ese respaldo que hasta ahora ha tenido y lo ha fortalecido, a pesar de una oposición resentida y un fuego amigo que debería buscar otro partido para que su libertad de expresión deje de autocensurarse. El partido en el poder no está para experimentos.

Los partidos son el único grupo de personas que anualmente reciben su reparto de utilidades millonario a costa de sangrar al erario. Son los mismos que rechazan el subsidio al campo, y a los programas asistenciales, pero se nutren de subsidios y programas electorales. Esta simple contradicción aleja a la población de sus discursos, sus acciones, sus decisiones, sus críticas, sus propuestas, sus reiteradas descalificaciones. No podemos seguir siendo un país pobre con partidos ricos y elecciones millonarias.

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